1 de enero de 2014

La Gaceta de México, el primer periódico de América Latina

La Gaceta de México, el primer periódico de América Latina

 
La Gazeta de México, y noticias de Nueva España, salió a la luz el 1° de enero de 1722.

Por Miguel Ángel Fernández Delgado
Investigador del INEHRM



A la invención de la imprenta debemos, además de los libros con hojas impresas en letras de tipos móviles, la aparición de los periódicos o diarios con noticias del acontecer cotidiano. Entre sus precursores se cuentan las hojas manuscritas con informes de sucesos extraños, gestas heroicas, milagros y, en general, toda suerte de acontecimientos dignos de conservar en la memoria. Pero el rápido desarrollo de la tecnología de la impresión permitió que estos sucesos se publicaran con una periodicidad diaria o casi diaria, de ahí el nombre de diarios.

El término gaceta proviene del italiano, y fue el nombre que en Venecia se le dio al papel periódico en que se daban noticias generales y sobre acontecimientos portuarios y del comercio, costumbre que pronto se siguió en otros lugares, añadiéndole nuevos contenidos. En España, el primero fue la Gaceta de Madrid (1661), órgano oficial del gobierno español, quien controlaba el tipo de información que aparecía en estas publicaciones, como ocurrió con sus contrapartes americanos.

En la América española, apegándose en un principio al modelo de la Gaceta de Madrid, aparecieron, en orden cronológico –respetando la grafía italiana-: la Gazeta de México (1722), la Gazeta de Goathemala (1729), la Gazeta de Lima (1743), la Gazeta de la Habana (1764), la Gaceta de Santa Fe de Bogotá (1785), y las Primicias de la cultura de Quito (1792) a cargo del ilustrado ecuatoriano Francisco de Santa Cruz y Espejo.

La Gazeta de México es la más antigua del mundo hispanoamericano. En el continente, sólo la preceden las Publick Ocurrences (1690) que salieron a la luz pública en lo que serían los Estados Unidos. Hoy, hace exactamente 288 años, apareció nuestro primer periódico. No es un acontecimiento banal, pues México ha sido, desde entonces, uno de los países con mayor número de publicaciones de esta índole. Para conmemorarla recordaremos los primeros pasos de la prensa en nuestro país.

En la Nueva España, los antecedentes de los primeros periódicos son similares a los del resto de los países donde se introdujo la imprenta en sus inicios. Aparecieron en primer lugar las hojas volantes que, literalmente, volaban de mano en mano divulgando noticias de aconteceres recientes, pero cuyos distribuidores sólo publicaban cuando algo digno de nota ocurría. Entre estos impresos, el más antiguo que se conoce es la Relación del espantable terremoto que agora nuevamente ha acontecido en las Yndias en una ciudad llamada Guatimala. Es cosa de grande admiración y de grande ejemplo para que todos nos enmendemos de nuestros pecados y estemos apercibidos para quando Dios fuere servido de nos llamar, la cual salió de los tórculos del taller de Juan Pablos, con fecha del 10 de septiembre de 1541.

Aunque las hojas volantes no desaparecieron, la siguiente centuria tuvieron más público los folletos y las gacetas. En 1666 apareció la primera publicación periódica que llevó este último título, la Gazeta General. Sucesos de este año de 1666. Provisiones y Mercedes, en los Reynos de España, Portugal y Nueva España, que continuó apareciendo los dos años siguientes, aunque sólo se referían a sucesos del año que había concluido.

Nuestro científico y hombre de letras, Carlos de Sigüenza y Góngora, editó, a partir de 1671, unos Lunarios, especie de almanaques astronómicos con resúmenes informativos y noticias curiosas. Del mismo autor son Los infortunios de Alonso Ramírez (1690), en donde recoge el relato, un tanto dramatizado, de las experiencias referidas por un náufrago boricua. En la versión original de su Mercurio Volante, título de las crónicas sobre la expedición de Diego de Vargas a Nuevo México, introdujo la novedad de la publicación por entregas, esto es, en folletos de aparición más o menos regular.

La Gazeta de México, y noticias de Nueva España, salió a la luz el primero de enero de 1722. Constaba de ocho páginas, y aparecieron seis números hasta junio del mismo año. A partir de su cuarta entrega, se llamó Gazeta de México y florilegio historial de las noticias de Nueva España.El periódico fue concebido originalmente como una especie de memoria de la corte virreinal. Su objetivo era “informar los acontecimientos loables más notables para sentar ejemplo ante el público”, pues se inscribía dentro del proyecto cultural y educativo de la dinastía borbónica, es decir, difundir las ideas y costumbres europeas entre los lectores.

El editor de la Gazeta de México fue el criollo Juan Ignacio María de Castorena Ursúa y Goyeneche (1688, Zacatecas, Zacatecas-1733, Mérida, Yucatán), a quien se reconoce el mérito de haber sido el primer periodista de nuestro país, y exaltar los valores de los españoles americanos, dando muestras de un incipiente nacionalismo. Elogiosamente escribió sobre él el bibliógrafo José Mariano Beristain de Souza, pues fue “el primero que publicó en México Gazetas o periódicos, sufriendo por el bien público las murmuraciones de los egoístas e ignorantes, enemigos de la luz y de la común utilidad”. Castorena fue colegial en San Ildefonso, y obtuvo el título de doctor en derecho canónico por la Real y Pontificia Universidad de México y en teología por la de Ávila, en España. Durante más de veinte años fue catedrático de Sagradas Escrituras, canónigo, chantre, inquisidor ordinario, abad de San Pedro, capellán y predicador real. También se le debe la creación de varias fundaciones piadosas, y el colegio de niñas de Los mil ángeles custodios de María Santísima de Zacatecas. Fue autor de una veintena de opúsculos sobre temas religiosos, entre los cuales podemos mencionar El Abraham académico (1696), México plausible. Historia de las demostraciones de júbilo con que la Catedral de México celebró las victorias del señor Felipe V en Brihuega y Villaviciosa (1711), El minero más feliz. Elogio del venerable fray Juan Angulo (1728), la Escuela mística de María (1731), entre otros.

Los años que pasó en la metrópoli, donde adquirió prestigio intelectual por derecho propio, no lo hicieron olvidar su terruño y a sus compatriotas. Al Dr. Castorena se le recuerda también por el apoyo incondicional que brindó a la Décima musa, Sor Juana Inés de la Cruz, pues defendió su derecho a cultivar la literatura. En agradecimiento, la poetisa le dedicó la siguiente décima:

Con graciosa agudeza, recompensa con el mismo aplauso al Doctor D. Juan Ignacio de Castorena y Ursúa, por un papel que discurrió en elogio y defensa de la  Poetisa.

Favores que son tan llenos,
no sabré servir jamás,
pues debo estimarlos más
cuanto los merezco menos.
De pagarse están ajenos
al mismo agradecimiento;
pero ellos mismos intento
que sirvan de recompensa,
pues debéis a mi defensa
lucir vuestro entendimiento.

Todavía en España, enterado de la muerte de Sor Juana, Castorena preparó la edición y escribió el prólogo de la Fama y obras póstumas del fénix de México (1700). Resultó electo obispo de Yucatán en 1730, diócesis que gobernó hasta el año de su muerte.

Desde el primer número de la Gazeta de México, su editor explicó el provecho que podría obtenerse de esta clase de publicaciones:

No carece de utilidad, pues a más del general motivo de las gacetas, siendo éstas una fidelísima relación de lo que acaece en estas dilatadas regiones, puede sin trabajo cualquier discreto, con la diligencia de juntarlas, formar unos anales en lo futuro, en que sin el cuidado de examinarlos, logre el aplauso de escribirlos, y los correspondientes, el de complacer a los que de la Europa piden noticias de la América, para enriquecer con novedades sus historias.

La Gazeta de México desapareció un semestre después de su primer número. Sin embargo, apenas pasó poco más de un lustro para que surgiera otro periódico con el mismo nombre, esta vez con mejor fortuna, iniciando su publicación el primero de enero de 1728. Constaba generalmente de cuatro páginas y su editor era Juan Francisco Sahagún y Arévalo Ladrón de Guevara. A partir de la fecha de su edición príncipe, y hasta diciembre de 1739, aparecieron 145 números, fecha en que “cortó la afilada tixera de la carestía del papel el hilo de las noticias”, pues entre los principales enemigos de la prensa mexicana en sus inicios no solamente se contaba la crítica y la censura, sino también la escasez de papel. De cualquier modo, logró publicar un Compendio de noticias mexicanas con índice general de todas, en la impresión de las Gazetas de México, que a imitación de las Cortes de la Europa se imprimen cada mes; y estas corresponden desde el año de 1728, 729 y 730, folleto de diecinueve páginas a dos columnas, que apareció en 1731.

Juan Francisco Sahagún de Arévalo Ladrón de Guevara (?-1761), nació y murió en la capital virreinal. Estudió filosofía y teología en la Real y Pontificia Universidad de México. Fue presbítero domiciliario del arzobispado, penitenciario de Santa María de Guadalupe (1730), y capellán de las hermanas franciscanas descalzas del monasterio de Corpus Christi y del Hospital de Jesús. Su Gazeta fue más acorde con los ideales del siglo de las luces, pues organizaba las noticias con mayor orden, y su estilo era más claro y preciso, menos barroco que el de Castorena, ya cercano al tono periodístico en el sentido contemporáneo. También innovó al incluir poesía, pues solía publicar décimas que contenían adivinanzas, e iba acompañada por ilustraciones. En su portada llevaba un águila sobre un nopal devorando a la serpiente y  el número 148 contiene el grabado de un cometa.

A petición del ayuntamiento capitalino, el virrey Juan de Acuña concedió a Sahagún, en 1733, el título de “Primer y general cronista e historiador de la ciudad de México”.

Aunque se esfumó en 1739, la Gazeta de México reapareció en enero de 1742, ahora bajo el título de Mercurio de México, con el que continuó hasta su cierre definitivo, en el número 157, de diciembre de 1742. En esta segunda época salieron 12 números, el último de ellos en diciembre del mismo año.

Castorena y Sahagún comparten el mérito de haber ensalzado lo americano y contribuir a la creación de una conciencia nacional. Como apunta González de Cossío, exaltaban “lo mexicano, si no contraponiéndolo a lo español, sí diferenciándolo de él”.

Hubo una tercera Gazeta de México, compendio de noticias de Nueva España, esta vez dirigida por el también criollo capitalino Manuel Antonio Valdés y Munguía (1742-1814), impresor de larga experiencia y propietario de una empresa de coches de alquiler, que comenzó sus apariciones el 14 de enero de 1784. Logró ser el periódico de mayor longevidad en la época colonial, pues subsistió, sin interrupciones, hasta el 2 de enero de 1810. Por otro lado, a su fundador se le considera el mejor periodista de los siglos de la colonia, debido a la calidad de sus periódicos y a sus reflexiones sobre el arte del periodismo.

Las autoridades virreinales no fueron indiferentes al impacto que ocasionó entre sus gobernados la aparición de la prensa periódica. También se dieron cuenta de la necesidad de vigilar su contenido. En una carta del virrey Matías de Gálvez, dirigida a la corte, del 23 de agosto de 1784, expresa lo siguiente:

Yo tengo la Gazeta por muy útil, siempre que se reduzcan a noticias indiferentes: entradas, salidas, cargas de navíos y producciones de la naturaleza; elecciones de prelados, de alcaldes ordinarios; posesiones de canónigos y otras particularidades apreciables que en un país tan dilatado ocurren. Todo esto se olvida a poco tiempo y entre mucha inutilidad y fruslería que se encuentra siempre en todos los escritos de esta clase, sería este un medio de conservar aquellos sucesos públicos que después de cierto tiempo se olvidan y convienen perpetuar. Como hay Gazeta en Lima, la había el año último en la Habana, en Guatemala en algún tiempo, y hubo aquí Mercurios y Gazetas en el gobierno del gran virrey Marqués de Casafuerte, y otros; [y como] no hay ley que las prohiba, y, por otra parte, importa dar materia inocente en que se cebe la curiosidad del público, me pareció este pensamiento muy plausible y que debía apoyarse eficazmente.

Aunque los periódicos suelen ser publicaciones de vida efímera, su importancia en el desarrollo intelectual de la época no es despreciable, pues estimularon la divulgación de noticias sobre cuestiones científicas, literarias, económicas, comerciales y religiosas, para poner a tono a la sociedad lectora novohispana con otras ilustradas de la época y, como complemento, ayudaron a esparcir las semillas del nacionalismo criollo.

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