22 de enero de 2014

Eduardo Frei Montalva, ex presidente de la republica (1964-70), fue asesinado por agentes de la dictadura militar el 22 de enero de 1982

Eduardo Frei Montalva



Eduardo Frei Montalva, ex presidente de la republica (1964-70), fue asesinado por agentes de la dictadura militar el 22 de enero de 1982 en una clínica privada de Santiago.


EL PAIS

13 OCTUBRE 2000

La familia del ex presidente Frei sospecha que fue envenenado por la policía de Pinochet

La senadora democristiana Carmen Frei denunció ayer que el aparato represivo de la dictadura de Augusto Pinochet, la DINA, pudo haber envenenado a su padre, el ex presidente chileno Eduardo Frei Montalva, también de la Democracia Cristiana, quien murió el 22 de enero de 1982 en una clínica privada de Santiago. La parlamentaria, que recibió el respaldo de su hermano, senador y también ex presidente, Eduardo Frei Ruiz Tagle, pidió al Ministerio de Defensa que investigue las actividades del fallecido químico Eugenio Berríos, un ex agente de la DINA implicado en asesinatos de opositores, y de otro químico de este organismo, Francisco Oyarzún.

Según expuso Carmen Frei en el Senado, su familia recibió información en las últimas semanas que alimentan las dudas sobre las causas de la muerte del ex presidente. Entre ellas, que a la habitación donde estaba internado su padre ingresaron personas ajenas a la clínica antes de su fallecimiento. Carmen Frei afirmó también que a su padre se le encontró la bacteria proteus, muy poco conocida, y contra la que no se pudo encontrar medicamentos en Chile ni en Estados Unidos. Además, un amigo de la familia Frei recibió un llamado alertándola sobre que el ex mandatario había sido envenenado. Recordó también que el informe de la autopsia está desaparecido.



El Mostrador

5 de Marzo 2003

Exclusivo: Aparece ficha médica sobre muerte de Eduardo Frei Montalva

La familia de Eduardo Frei Montalva encontró en la Universidad Católica (UC) una ficha médica que revela una desconocida biopsia que se le practicó al cuerpo del exPresidente de la República, tras su fallecimiento, ocurrido en extrañas circunstancias en la Clínica Santa María, en 1982.

El documento permaneció por 20 años extraviado en los archivos de la UC, sin que se diera alguna explicación lógica y comprensible para ello. Sobre todo, porque la ficha estuvo mucho tiempo caratulada como NN, aseguraron fuentes que conocen el episodio. Los hechos que rodearon este hallazgo tienen elementos casi de novela de espionaje.

Una fuente oficiosa
La historia comenzó a fines del año pasado cuando una fuente se acercó a familiares del ex Presidente, para informarles que la ficha, con análisis "inéditos", estaba en el hospital de la Universidad Católica de Chile.
La fuente, confidenciaron personas cercanas a la familia Frei, en principio, no dio mucha confianza. Con el paso de los días, algunos antecedentes comenzaron a demostrar ser verídicos y poco a poco se iniciaron conversaciones con el Decano de la Facultad de Medicina de la UC, Gonzalo Grebe.

A medida que se sucedieron las conversaciones, la familia Frei comenzó a recibir todo tipo de recados y se dieron cuenta que en las zonas vinculadas a medicina mucha gente sabía de la existencia de la ficha.
El asunto se tornó aun más sospechoso al saberse que, no obstante producirse el fallecimiento del ex Presidente en la Clínica Santa María, habían sido médicos especialistas de la U. Católica los encargados de revisaron el cadáver, cuestión que, como familia, nunca supieron, dijo una fuente.

Eduardo Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982 en la Clínica Santa María, como consecuencia -según ha aparecido hasta ahora- de una casual infección post operatoria. Sin duda uno de los testimonios más concretos y detallados que existen hasta ahora sobre el particular se encuentra en el libro Eduardo Frei Montalva y su Epoca del historiador Cristián Gazmuri. Tambié una de las últimas pruebas documentales sobre las sospechas de la familia Frei de que la muerte podría no haber sido casual sino que homicida están contenidas en el libro del autor de esta nota.

Crimen Imperfecto que contiene un documento preparado por Investigaciones sobre las oscuras actividades en el Instituto de Salud Pública (ISP) durante la dictadura militar.

Preocupaciones

En la UC, al saberse acerca de la petición para conocer la ficha médica de Frei Montalva, cundió cierta preocupación, debido a las eventuales consecuencias mediáticas que podría tener la situación.

La senadora Carmen Frei ha pedido desde su primera intervención pública referida al tema, en octubre de 2000, que cualquier persona que tenga antecedentes sobre el particular se los haga llegar. A pesar de esto, persiste la duda del porqué la Universidad Católica nunca dijo nada sobre la existencia de la ficha médica.
La complicación crecía en torno a si entregar directamente o no la ficha a la familia. En rigor, es lo que hubiera correspondido, pero primó la "racionalidad" interna de la UC de evitarse problemas y se prefirió acudir a un abogado externo. El elegido fue Pedro Doren, quien hace algunos años llevó una causa a favor de Colonia Dignidad en materia tributaria.

El profesional hizo un extenso análisis en derecho para la casa de estudios, en la que señaló que la ficha había que entregarla a sus legítimos dueños, pero teniendo ciertos resguardos. Léase: un acta de entrega, entre otros.

Este medio le consultó acerca de este documento, pero el profesional se excusó de entregar más detalles ya que, dijo, su labor era reservada para su cliente.

Nombres, cargos y algo más
La ficha ya está en poder de la familia Frei y tiene casi diez páginas, según supo este medio.

El Mostrador.cl mantendrá reserva, por ahora, para no perjudicar la investigación criminal, en torno a los doctores que intervinieron en el análisis, quiénes eran las autoridades hospitalarias de la época y sobre el resultado mismo de la ficha, ya que es altamente probable que el abogado de los Frei, Alvaro Varela, realice una presentación judicial sobre el particular en las próximas semanas.

Se intentó durante varios días obtener la versión del actual Decano de la Facultad de Medicina de la UC, Gonzalo Grebe, pero no respondió las llamadas.

El asesor jurídico, Raúl Novoa, por su parte, se excusó de opinar, aludiendo que se trataba de una materia reservada. Otro tanto sucedió con Alvaro Varela, quien si bien respondió a la llamada, junto con manifestarse sorprendido de que este medio conociera la información, declinó referirse al tema.

En el proceso 
Hasta ahora, en el proceso por la muerte del químico Eugenio Berríos hay una querella presentada por la familia Frei. Las diligencias recién están comenzando a decretarse.

El nuevo magistrado, Alejandro Madrid, quien reemplazó a la magistrada Olga Pérez, ha leído el expediente y mantiene las citaciones a dos militares en retiro que dirigieron el Instituto de Salud Pública (ISP) durante el régimen militar.

De hecho, el Ejército envió un oficio señalando que los pondría pronto a disposición de la justicia. Al mismo tiempo, el detective Nelson Jofré, jefe de un sui generis grupo de
investigadores, continúa con las diligencias y tratando de profundizar las eventuales responsabilidades de Berríos en la muerte de Frei.

La magistrada Olga Pérez, cuando conocía de la causa, ordenó la incautación de todos los bienes de Berríos para analizarlos y ver si entregaban algún indicio. Entre ellos se encontraron libros y textos especializados en la fabricación de gas sarín, y cómo usar el estafilococo dorado, veneno poderoso en manos asesinas.

Adelanto exclusivo: Crimen Imperfecto
El texto entrega un documento -hasta ahora nunca publicado-de la investigación que realizó el Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones sobre la posibilidad de que el ex presidente Eduardo Frei Montalva pudiera haber sido asesinado por venenos preparados por Berríos en el otrora Instituto Bacteriológico.
Una investigación hasta ahora secreta realizó el Departamento Quinto de la Policía de Investigaciones para tratar de establecer si el ex presidente Eduardo Frei Montalva pudo haber sido envenenado por el químico de la DINA Eugenio Berríos Sagredo. La indagatoria se llevó a cabo en el Instituto de Salud Pública (ISP), otrora llamado "Instituto Bacteriológico".

El documento de 17 páginas que publica en exclusiva El Mostrador.cl está contenido en el libro "Crimen Imperfecto, historia del químico DINA Eugenio Berríos y la muerte de Eduardo Frei Montalva" del periodista Jorge Molina Sanhueza que fue lanzado hoy al mediodía en el Colegio de Periodistas y es publicado por editorial LOM.

Conjuntamente, este medio hace un adelanto exclusivo de uno de sus capítulos llamado "Las Ventajas de Apellidarse Frei", donde se relata la génesis y desarrollo de esta indagatoria. Esta se realizó a fines de 2000 en el ISP hasta donde concurrió el detective Nelson Jofré quien interrogó a varios funcionarios de ese organismo, quienes relataron las “extrañas” situaciones vinculadas a la fabricación de venenos letales durante el régimen militar. También surgieron pistas hasta ahora desconocidas y que están en manos, al igual que el documento, de la familia Frei, como por ejemplo que gran parte de los funcionarios antiguos del ISP conocieron a Berríos, entre otros detalles.

La Nacion

9 de Enero 2004

La secreta pesquisa del camposanto

Sigiloso, reservado y al amparo de los últimos días del 2004, el ministro en visita Alejandro Madrid -que tramita el proceso por la misteriosa muerte del ex Presidente Eduardo Frei Montalva- llegó hasta el Cementerio General y enfiló sus pasos hacia la tumba del ex Mandatario, ubicada en el patio 6 del recinto. Pero no llegó solo.

 Premunido de un encendedor y una cajetilla de cigarros, el magistrado iba acompañado de su detective de confianza, Nelson Jofré, el actuario y algunos peritos para realizar una diligencia que desde hacía semanas venía preparando en el más absoluto secreto.

Madrid y los antes mencionados bajaron hasta donde reposan los restos de Frei Montalva y realizaron una “diligencia planimétrica”, en la que se “fijó” el lugar y sus dimensiones. Además, se tomaron fotografías para dejar establecida en el proceso la ubicación de la bóveda mortuoria.

 La pesquisa ordenada por el juez contó con la venia de la familia Frei. Pero ¿adónde apunta Madrid? Una diligencia de este tipo, dicen peritos especializados, se realiza cuando el magistrado estima que la exhumación de un cuerpo podría llegar a resultarle útil en la indagatoria de un homicidio.

 Más allá de la pesquisa judicial, el hecho arroja luces sobre el grado de convicción del ministro Madrid de que Frei pudo haber sido asesinado con un veneno. Sobre todo porque de los nueve tomos que tiene esta investigación, sólo a tres tienen acceso tanto el Consejo de Defensa del Estado (CDE), como el abogado de la familia, Álvaro Varela Walker. Los otros seis son hasta ahora un misterio que sólo el juez conoce.

La guerra bacteriológica

Eduardo Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982, en la Clínica Santa María, como consecuencia de una sospechosa infección post operatoria.

 Pero ¿qué pruebas tiene en su poder Madrid para haber realizado esta diligencia?

 Las primeras pistas apuntan al descubrimiento del Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército. El recinto -maquillado bajo el inocente rótulo de Laboratorio de Diagnóstico del Ejército- estuvo ubicado en calle Carmen 339. Hoy alberga a las oficinas del Archivo Judicial.

 Una de estas pistas la obtuvo del actual profesor de la Universidad de Chile y coronel (R) del escalafón de veterinaria del Ejército Sergio Rosende Ollarzu, quien trabajó activamente en este proyecto. En su declaración ante el ministro, Rosende relató la primera prueba que tuvo Madrid en su poder para comenzar a sospechar.

 “En 1977, aproximadamente, oportunidad en que estaban malas las relaciones con Argentina, recuerdo que me llamó a su oficina el médico Eugenio Tastest Solís (hoy fallecido) y me presentó al médico de sanidad de nuestra institución militar, el doctor Eduardo Arriagada Rehren, donde me enteré que este último estaba a cargo de un proyecto para crear el antídoto contra el ántrax. Por información de inteligencia se sabía que Argentina tenía una Escuela de Guerra Bacteriológica y se temía que, si existía una eventual guerra con ese país, se podía contaminar a la población animal o las aguas. Fue así que mi jefe me pidió que trabajara con el doctor Arriagada para crear un suero anti-carbunclo. Este proyecto duró hasta 1991, para lo cual el doctor Arraigada me visitaba periódicamente en mi laboratorio. Tomé conocimiento que, cuando comencé a trabajar en este proyecto, en el año 1977 Arriagada Rehren trabajaba para el servicio de inteligencia de la época”.

 Poco tardó el magistrado en averiguar que uno de los militares que trabajó en el otrora Bacteriológico (hoy ISP) le confirmara quiénes eran Rosende y Arriagada Rehren y pudiera, como si se tratara de una coctelera, mezclar los sabores que le entregaron esas declaraciones.

 El ex uniformado fue el jefe del Bacteriológico, coronel (R) Joaquín Larraín Gana. En su declaración reveló el rol de Rosende y Arriagada. Y agregó un dato mayor, la existencia de la toxina botulínica (que provoca el botulismo), comprada en Brasil a petición de este último.

 “Con relación a la toxina botulínica que se me consulta, recuerdo que en una ocasión en mi oficina, el entonces coronel Arriagada Rehren -acompañado de un veterinario que me dijo que era el futuro jefe del Departamento de Guerra Bacteriológica- me solicitó cepas de clostridium botulinum. Como el instituto no las tenía, fueron solicitadas a Sao Paulo, Brasil”, declaró Larraín Gana.

 Arriagada Rehren llegó a ser general del Ejército y el jefe de Sanidad bajo el mando del general Ricardo Izurieta. Para el ministro fue muy difícil interrogarlo: debió esperar un año para realizar la diligencia.

Cómo llegó la bacteria a Frei

¿A qué convicciones llegó el ministro con estos datos? La respuesta podría esbozarse así: existe un laboratorio secreto. Está vinculado a la inteligencia de la época. Es 1977. ¿Pero cuándo llega la toxina botulínica a Chile? Fue en julio de 1981 y fue retirada desde el Bacteriológico por Arriagada Rehren y Rosende. ¿Y qué más sucedió en 1981?

 En diciembre los miristas Ricardo y Elizardo Aguilera permanecían detenidos en la galería Nº 2 de la ex Cárcel Pública, por Ley de Seguridad Interior del Estado. En la misma situación estaba quien fuera el jefe de las milicias de resistencia del MIR, Guillermo Rodríguez Morales, El Ronco, junto a Adalberto Muñoz Jara. Con ellos estaban los reos comunes Víctor Hugo Corvalán Castillo y Héctor Pacheco Díaz. Todos cayeron misteriosamente enfermos de botulismo. Sólo se salvaron los presos políticos. Corvalán y Pacheco fallecieron por “intoxicación aguda inespecífica”. Nunca se hicieron análisis de sus restos.

 Pero había más. Madrid tenía otra declaración a la que echar mano. Se trata de Marcos Poduje Frugone, quien fuera jefe del Departamento de Liofilización del Bacteriológico durante los ochentas. Él fue quien retiró la toxina desde la Cancillería, proveniente de Brasil.

 La liofilización es un procedimiento que consiste en deshidratar sustancias sin utilizar calor. Es decir, se congela, se somete a un alto vacío, se sublima el hielo y se deja seco el producto y convertido en polvo.

 ¿Y luego qué?

La conexión sigue así: el botulismo comprado en Brasil se habría probado en los presos antes de usarlo para “otros cometidos”. Pero había más en un informe policial preparado por los detectives Nelson Jofré y Palmira Mella.

“Es dable señalar la fecha del día 8 de diciembre de 1981, día en que se intoxicaron cuatro reos comunes y cuatro reos subversivos -miristas- en la ex Cárcel Pública de Santiago por toxina botulínica. Ése es el mismo día en que el ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva sufrió una grave infección, donde fue intervenido, nuevamente con diagnóstico de peritonitis aguda”, señala el documento.

 El botulismo es una grave enfermedad que paraliza los músculos y puede llevar a la muerte por un paro respiratorio.

Pero ¿cómo se podría haber inoculado una toxina de este tipo a los reos en la cárcel? La respuesta para Madrid vino de otra declaración prestada por el mismo Poduje Frugone, donde reconoce que fue a dejar el liofilizador al mismo laboratorio secreto de Carmen 339.

 La línea de Madrid es clara. Si se liofilizó la toxina botulínica, bien podría haberse echado en los alimentos de los miristas que estaban en la ex Cárcel Pública y eventualmente a Frei.

Pero ¿cómo inoculársela a Frei? Y aquí entran las sospechas de Madrid sobre Luis Becerra, quien fuera chofer y hombre de confianza del ex Presidente. Éste fue informante de la CNI, durante muchos años, hasta la muerte del ex Mandatario

Tercera

9 Octubre 2003

Ex agente entregó nombre del posible asesino de Frei Montalva

Andrés Valenzuela, alias "el Papudo" y ex miembro del Comando Conjunto, reveló cómo y quién habría provocado la muerte del Presidente Eduardo Frei Montalva mientras estaba internado en la Clínica Santa María en enero de 1982.

El ex cabo de la Fach, que desertó y que vive hoy en París bajo protección del gobierno francés, reveló que durante su estadía en Perú -donde realizó labores de espionaje- se enteró que la esposa de un colega y amigo, una enfermera que trabajaba en la clínica Santa María, vio cómo un kinesiólogo ingresó a la habitación donde estaba internado Frei y refregó un apósito infectado con una "bacteria resistente" sobre la herida post operatoria del ex mandatario. El apósito habría sido preparado por el ex químico de la Dina, Eugenio Berríos, posteriormente asesinado en Uruguay por agentes de seguridad.

Esta versión es parte de la declaración tomada a Valenzuela por Investigaciones a mediados de septiembre a las afueras de París. Otra parte de esta revelación la constituye una entrevista realizada por el ex militante del MIR, Oscar Espinoza, al ex agente y que será transmitida en el programa "Enigma" de TVN.

Según la información la indagatoria había sido ordenada por el ministro de fuero Juan Guzmán Tapia en el marco de la investigación sobre las acciones de represión realizadas por la DINA y el Comando Conjunto en contra el PC en 1976. Sin embargo, el abogado de la familia Frei, Alvaro Varela, dijo luego de reunirse con Guzmán que el magistrado desmintió que estuviera en antecedentes de esa declaración. El ministro aclaró que es la titular del Noveno Juzgado del Crimen de Santiago la que puede haber ordenado tal indagatoria.

Senadora Carmen Frei: "Estoy impactada"

La senadora DC Carmen Frei se mostró impactada con los nuevos antecedentes y señaló que será el juez que lleva la causa, Alejandro Madrid, quien deberá constatar la veracidad de la declaración.

"Cada día se confirma más lo que vengo planteando hace mucho tiempo de las dudas cada día más fundadas de que hubo manos de terceros en la muerte de mi padre", dijo la parlamentaria.

Carmen Frei, quien reiteró que tras la muerte de su padre recibió llamados anónimos que hablaban de un envenenamiento y que tiene antedecedentes de que personal de la Dina trabajaba en la clínica Santa María, dijo no tener los detalles de la revelación entregada por el ex agente, ni el nombre de que sería el homicida del ex mandatario.



El Mostrador

8 de Julio 2004

Autopsia de Eduardo Frei Montalva habría sido adulterada

La sospecha comenzó cuando el patólogo Hermal Rosemberg aseguró que mantuvo guardado un manuscrito de la autopsia por más de 10 años y recién en los 90 fue agregado al informe sobre la muerte del ex mandatario. A la revelación le siguieron otras, como la declaración de una secretaria que negó haber transcrito la autopsia que se le mostró.

 La autopsia hecha al ex presidente Eduardo Frei Montalva habría sido adulterada en el Hospital de la Universidad Católica por terceras personas. Esta es una de las convicciones que maneja el ministro a cargo del caso, Alejandro Madrid Crohare, y para lo cual ha dictado ya varias diligencias en esta línea de investigación.

Así lo confirmó a El Mostrador.cl una fuente vinculada a la causa. Todo comenzó a principios de 2003, cuando este diario publicó la existencia de una autopsia de Frei en la UC, que había estado misteriosamente guardada durante más de 20 años.

El magistrado, entonces, se dio a la labor de establecer la veracidad del informe, pero a medida que fue indagando y profundizando en este punto, aparecieron dudas sobre las hojas agregadas al expediente “Autopsia 1-100 1982”, denominado en la investigación como “Informe Nº9-82”.

Por esta razón, y como manda la lógica de la investigación, el magistrado comenzó interrogando a los médicos que participaron en la autopsia, que son los mismos que realizaron el embalsamamiento del cadáver del ex Mandatario, a saber Helmar Rosenberg y Sergio González.

Eduardo Frei Montalva falleció el 22 de enero de 1982, en la Clínica Santa María, como consecuencia -según ha aparecido hasta ahora- de una casual infección post operatoria. Sin duda, uno de los testimonios más concretos y detallados que existen hasta ahora sobre el particular se encuentra en el libro Eduardo Frei Montalva y su Epoca, del historiador Cristián Gazmuri. También una de las últimas pruebas documentales sobre las sospechas de la familia Frei, de que la muerte podría no haber sido casual, sino que homicida, están contenidas en el libro del autor de esta nota, Crimen Imperfecto, que contiene un documento preparado por Investigaciones sobre las oscuras actividades en el Instituto de Salud Pública (ISP), durante la dictadura militar.

El informe dudoso

Pero a poco andar, aparecieron situaciones que no cuadraban, como por ejemplo, quién pidió hacer la autopsia y por qué el Informe 9-82 fue agregado 10 años más tarde al expediente general. Las primeras explicaciones causaron más sospechas que aclaraciones en Madrid y en la subinspectora de Interpol, Palmira Mella, según se desprende de los informes enviados al magistrado.

Con las declaraciones de los profesionales comenzaron a reconstruir la historia. Así lograron establecer que el jefe de Patología de la UC, doctor Roberto Barahona –hoy fallecido-, fue quien habría dado la orden para que Rosenberg fuera hasta la clínica Santa María a realizar la autopsia y embalsamamiento de Frei.

Sin embargo, Rosemberg entregó un elemento sospechoso en su declaración, cuando señaló que a su jefe (Barahona) le interesaba hacer un estudio morfológico de los restos del ex Mandatario, porque “le inquietaban las posibles secuelas de una tuberculosis que habría sufrido Eduardo Frei en su juventud”, dijo el profesional a los detectives.

“Días después de realizar el estudio microscópico de las muestras tomadas, incluyendo la microscopía electrónica el 10 y 17 de marzo de 1982, y de efectuar un análisis de las alteraciones morfológicas encontradas, confeccioné un protocolo manuscrito de todo lo encontrado. El examen de la microscopía electrónica 82-41 (riñón) y 43 (hígado) no aportó datos de utilidad para la interpretación de los hallazgos, por lo que no figura en el protocolo”, agregó Rosenberg.

Sin embargo, este último párrafo siguió manteniendo las dudas de los investigadores. Pero la guinda del postre vino después. Rosenberg no sólo había realizado la autopsia, sino que había guardado un manuscrito de este informe por más de diez años, es decir hasta principios de los 90, aunque en el expediente no se clarifica la fecha exacta.

La secretaria

Con esta pista, los detectives que trabajan con Madrid se centraron en saber quiénes eran las personas que transcribían los informes en Patología de la UC. Fue así como llegaron a Carmen Victoria Barahona Solar, hija del jefe de esta misma unidad antes mencionado.

“Respecto al procedimiento de cómo se confeccionan los Protocolos de Autopsias, debo señalar que éstos, una vez que el médico realiza su autopsia, se utilizaba el método del dictáfono, en donde se grababa en un microcassette todo el procedimiento y luego se me entregaba la cinta para mecanografiarla. Esto se hacía generalmente al día siguiente, la parte histológica, que corresponde a las muestras de vísceras que se insertan en las placas de vidrio para un posterior análisis, la que quedaba pendiente, por lo que se mecanografiaba una vez que estuvieran listos los resultados y se agregaba al Informe, el que una vez terminado era entregado al médico que lo había solicitado para su firma y después se archivaba hasta que se juntaban cien Informes para enviarlos a empastar. En ese tiempo yo misma me encargaba de enviar a empastar cada uno de los tomos, con las respectivas autopsias, las que eran en orden correlativo por cada año; cada tomo contiene un total de cien autopsias, por lo tanto, era la encargada de insistir a los médicos de los protocolos de autopsias que faltaban. Era la encargada de rescatar los informes restantes, por ejemplo, estudios de cerebro que lo hacían distintos neurólogos”, relató la mujer.

Hasta ese momento el testimonio de la mujer era meramente informativo, pero cuando le mostraron el mentado Informe 9-82, aseguró no reconocerlo.

“Con respecto al Informe de Autopsia N° 9/82, que corresponde a don Eduardo Frei, no lo reconozco como los Informes que yo mecanografiaba, ya que no corresponde el tipo de escritura de la máquina que yo usaba y tampoco el tamaño del papel utilizado, ya que yo en ese entonces, como era lo acostumbrado, utilizaba el papel tamaño oficio. Al revisar el informe de la Autopsia N° 9 del señor Frei, me percato que su letra corresponde a la de una impresora, presuntamente realizada por un computador. Pero en 1982 no existía en el Departamento un computador, lo que queda en evidencia en los demás informes de autopsias del citado tomo, que los confeccionábamos en máquina de escribir eléctrica”, dijo la mujer.

Con respecto a estas contradicciones se dictaron varias diligencias, entre ellas al Laboratorio de Criminalística de Investigaciones (Lacrim), que concluyó que efectivamente hay una parte del informe de autopsia que corresponde a otra época. Sin embargo, los peritos no adelantaron juicios en sus conclusiones, a la espera de nuevas diligencias que puedan revelar otros detalles.

Este medio intentó obtener una versión del doctor Rosemberg, pero éste no devolvió los llamados. También se contactó al abogado de la familia Frei, Alvaro Varela, pero éste declinó hacer comentarios sobre el tema, aduciendo que debía guardar un celoso secreto del sumario.

El Mercurio

29 de Abril 2005

La búsqueda judicial de qué causó el deceso del ex Mandatario: Diligencias cruciales sobre la muerte de Frei

Han pasado cuatro años desde que la senadora Carmen Frei habló por primera vez en el Senado sobre las "dudas" que inquietaban a su familia acerca de la causa de muerte de su padre, el ex Presidente Eduardo Frei Montalva, ocurrida el 22 de enero de 1982, tras ser operado de una hernia al hiato.

Y a estas alturas, asegura el abogado de la familia Frei, Álvaro Varela, existen "presunciones fundadas" de que el ex mandatario pudo haber sido asesinado mientras se hallaba internado en la Clínica Santa María, en una acción planificada por la Dirección de Inteligencia Militar (DINE).

La investigación judicial la inició en 2002 el ministro en visita Alejandro Madrid, como un anexo al caso del secuestro y muerte del agente de inteligencia, el químico Eugenio Berríos, en Uruguay. Y a mediados de mayo, Madrid se apresta a incorporar los resultados de diligencias cruciales.

Se trata de los informes de las pericias en la tumba del ex mandatario del 22 de diciembre pasado, según relata el abogado Varela. "Se sacó el ataúd, se abrió y tomaron muestras. Hay pericias científicas en curso", confirma.

Esos análisis, dice, son además clave para precisar si los restos corresponden o no al ex mandatario. La más dramática de las dudas le surgió a la familia porque Frei fue enterrado en un ataúd de madera y ahora se encontró en uno metálico y en otra posición. Y según desliza el abogado Varela, en diciembre se tomaron muestras de unos restos que "difieren" de lo que se esperaba encontrar.

La inteligencia militar

Otra diligencia crucial es el interrogatorio vía exhorto al ex agente de la Dina, Michael Townley, aprobado por la Corte Suprema. Dispuesto a cooperar, podría revelar información acerca del manejo y uso de sustancias letales (químicas y bacteriológicas) en la eliminación de personas.

Todos los extraños sucesos que rodean la muerte de Frei Montalva y el posterior manejo de su cadáver refrendarían la hipótesis que baraja la familia e investiga el tribunal en 5 mil fojas y 9 tomos: que hubo una operación de inteligencia para infectarlo con una sustancia letal, en la que habría

participado Berríos, quien hizo varios "trabajos" con bacterias y químicos letales.

El hilo a la inteligencia militar, o sea, al DINE, alcanzó su máxima tensión recientemente, cuando la senadora Carmen Frei acusó en el hemiciclo al Ejército de no estar cooperando con la investigación y habló de "ocultamiento" y encubrimiento.

La bancada DC la respaldó y hasta el ministro de Defensa, Jaime Ravinet, debió pedirle disculpas luego de haberla criticado por usar su cargo público con intereses personales.

La molestia de Frei apuntaría a esclarecer una discordancia entre el Ejército y médicos y otras personas que han señalado al tribunal que trabajaron y ejecutaron ciertas acciones en un laboratorio bacteriológico de inteligencia en la calle Carmen.

Tras consultar al Ejército, responde a través de su Departamento

Comunicacional que no desea referirse públicamente a estas acusaciones sobre un supuesto ocultamiento de información. Y precisa que "el Ejército ha entregado todos los antecedentes que le han sido requeridos a esa autoridad judicial (el magistrado), quien es la encargada de determinar las responsabilidades y eventualmente decretar las condenas a que haya lugar".

Actualmente, trascendió, hay un cuestionario judicial en curso, dirigido al Comandante en Jefe, general Juan Emilio Cheyre.

Extraña autopsia

Según relata el abogado Varela, en el proceso judicial también se ha podido comprobar la existencia de una "autopsia clandestina". Explica que en el proceso se ha establecido que dos médicos del Hospital Clínico de la UC llegaron el día de la muerte de Frei a la Clínica Santa María, y una vez que la familia sale de la pieza se encierran con llave por tres horas y le practican una autopsia no autorizada por los Frei. Los dos conocidos anátomo- patólogos le sacan los órganos, toman muestras y botan los restos. Rellenan el

cuerpo con gasa y le inyectan ocho litros de formalina para su conservación.

No obstante, el Hospital Clínico de la UC, cuando apareció la carpeta de la autopsia en ese plantel, en 2003, aseguró que los profesionales actuaron bajo petición del equipo médico tratante, que pidió un embalsamamiento del cuerpo.

La versión fue negada por ese equipo. Y Varela pidió el procesamiento de los dos facultativos por obstrucción a la justicia, pero el juez no dio lugar por ahora.

Pero no son los únicos médicos vinculados a este proceso. Habría otros cinco, que cumplían funciones de inteligencia en esa época en la Clínica Santa María y que también han declarado en el proceso.

Mientras, las preocupaciones de los Frei apuntan al término de los plazos para la investigación de los casos iniciados en el antiguo sistema, el que vence el 25 de julio, y significa el cierre del sumario. Por eso, Eduardo y Carmen Frei pidieron hace pocos días al presidente de la Corte Suprema que el Pleno estudie ampliar los plazos.

¿A qué se llegará?

Determinar las causas de la muerte es factible, dice el abogado Varela, pero si se logra comprobar la intervención de terceros, cree difícil llegar a los autores materiales. "Hay un círculo de personas entre las cuales pensamos que está el posible autor, pero son personas adiestradas en inteligencia y van muy preparadas a declarar. Y por otro lado, el Ejército señala que no tiene

antecedentes en elementos claves. De manera que es muy difícil, pero no imposible".

"El temía por su vida"

El senador Gabriel Valdés cenó con Eduardo Frei Montalva en casa de Hernán Santa Cruz, pocos días antes de que el ex mandatario se sometiera a la operación que terminó en su desenlace fatal en 1982.

Ahí, Frei ya tenía mucho malestar y les contó que se iba a operar, antes de viajar a Kuwait.

Sobre si él temía por su vida, no le cabe duda: "Yo creo que sí... Lo vi varias veces en Europa y en Estados Unidos, y él andaba siempre muy preocupado. Porque no era extraño que habiéndose atentado contra Letelier, contra Bernardo Leighton, en contra de Altamirano y en contra mía, él estuviera también en peligro. Había gente de la Dina que se atrevió a matar al general Prats. O sea, hubo una liquidación de los opositores. En ese cuadro, no era de extrañarse que algo pasara".Valdés dice que "era una operación corriente. Y es tal el cúmulo de antecedentes extraños, que uno se siente inclinado a pensar que el Presidente Frei fue objeto de un atentado que le causó la muerte".

Los hilos del proceso

Secuestro y muerte de Berríos: La familia Frei se hace parte del proceso en octubre de 2002 por las sospechas de que el químico, asesinado en 1992 en Uruguay, haya eliminado en una operación de inteligencia a Frei Montalva. En el caso Berríos, en 2003, fueron sometidos a proceso dos ex generales de la DINE y tres militares uruguayos, de quienes se tramita su extradición.

Bacterias y toxinas: Se investiga la llegada de estas sustancias al

Laboratorio Bacteriológico (hoy ISP), en agosto de 1981, que dirigía un militar, las que habrían sido traspasadas a la inteligencia militar. Berríos estaría ligado a un laboratorio secreto que experimentaba con estas sustancias que, según el abogado de la familia Frei, se habrían aplicado en un par de crímenes y para envenenar a presos políticos en la cárcel pública.

Seguimiento y acoso de Frei: El ex mandatario era objeto de seguimiento de la DINE y la CNI en sus actividades y nexos con el sindicalismo (Tucapel Jiménez). Su teléfono estaba intervenido, e incluso su chofer, según consta en el proceso, fue reclutado por la DINE.

Nexos médicos con Inteligencia Militar: Se habría logrado determinar que unos cinco médicos que tenían nexos con organismos de inteligencia militar cumplían funciones en la Clínica Santa María al tiempo en que Frei Montalva fue intervenido.

El posible error del equipo tratante: Los Frei aseguran que se determinó judicialmente que no hubo "error médico" y que no hubo circunstancia alguna de la operación que pudiera causar el rápido proceso infeccioso.

La autopsia no autorizada: Dos médicos del Hospital Clínico de la Universidad Católica embalsamaron el cuerpo y extrajeron los órganos en la Clínica Santa María.La familia dice haberse enterado en 2003, cuando se halla una carpeta en ese centro asistencial.

Las dudas del historiador

"No hay pruebas concluyentes hasta ahora de que haya sido asesinado, aunque no puedo descartar que aparezcan", dice el historiador Cristián Gazmuri, de la Universidad Católica. El académico investigó la vida del ex Presidente Frei Montalva y escribió su biografía en 1999, sobre la cual la familia tuvo algunos desacuerdos.

"Las circunstancias fueron extrañas, pero no hay ninguna prueba concreta (de que fuera asesinado). Por el momento es simplemente una hipótesis, una sospecha", comenta Gazmuri.

Y añade que "el informe de la autopsia que fue hallado en la Universidad Católica hace unos dos años no prueba nada".

La versión histórica hasta aquí, afirma, es que Frei murió por un "shock séptico", sin que mediara intervención de terceros. Al menos, dice, hasta que no se pruebe lo contrario.



Punto Final

Nº 667, 25 de Julio, 2008

Asesinato del presidente Frei: Conspiración mortal

La sospecha de que el ex presidente Eduardo Frei Montalva (1964-70) fue asesinado por agentes de la dictadura militar se ha convertido, poco a poco, en una convicción. Más por la insistencia de la familia y de algunos personeros políticos, que por la acumulación real de pruebas obtenidas por el juez Alejandro Madrid, quien investiga el caso desde hace más de cinco años. En las últimas semanas, sin embargo, el magistrado parece haber tomado las puntas de varios ovillos de una oscura trama, que podrían conducirlo a esclarecer definitivamente las circunstancias en que falleció el ex presidente de Chile.

Hasta ahora, se habían reunido una serie de circunstancias poco claras que inducían a la familia Frei “a la certeza moral” de que el ex mandatario fue víctima de una manipulación para contagiarlo con algún elemento tóxico, mientras se recuperaba de una intervención quirúrgica en la Clínica Santa María en diciembre de 1981.

Frei Montalva ingresó a la clínica el 18 de noviembre de 1981 para operarse de una hernia en el esófago que le producía una molesta esofagitis. Los reflujos de ácidos estomacales no lo dejaban comer. No podía beber ni media copa de vino, tenía que hacer dieta permanente, dormir semisentado y consumir antiácidos a cada rato. Esto le resultaba insoportable. Después de consultar sobre los riesgos de una intervención, decidió operarse. Sus médicos de cabecera, los doctores Alejandro Goic y Patricio Silva Garín, le dijeron que no era necesario hacerlo en el extranjero y que en Chile la mortalidad de esa cirugía era nula.

La intervención la realizó el doctor Augusto Larraín, uno de los mejores especialistas. La recuperación fue inmediata y a los pocos días fue dado de alta y retornó a su casa. A los diez días empezó a sentirse mal; padecía un rebelde estreñimiento. Goic y Silva concluyeron que tenía una obstrucción intestinal por el corte realizado en la intervención y que había que operar nuevamente. Lo hicieron el 6 de diciembre. Operó Silva estando Goic presente. Parecía simple, pero se encontraron con adherencias de gran magnitud, lo que los médicos denominan “plastrón”. Fue necesario cortar un trozo de intestino y volver a unir.

El peligro mayor era que microbios del tubo intestinal pasaran a la cavidad peritoneal e iniciaran una infección. El equipo médico hizo una prolija limpieza y cerró la herida. El posoperatorio inmediato pareció favorable. Al día siguiente, el doctor Goic recibió un llamado urgente de la clínica. La presión de Frei había caído a cerca de 0 y la fiebre se estaba disparando: tenía un shock séptico ocasionado por una brusca infección.

Se llamó de inmediato al doctor Sergio Valdés, connotado especialista en infecciones; le suministraron al paciente grandes dosis de antibióticos y se le conectó a un ventilador mecánico. Como no respondió con rapidez, se optó por una tercera intervención, el 8 de diciembre, para realizar un aseo quirúrgico completo. Al salir del quirófano respondió bien: disminuyó la temperatura y se estabilizó la presión. Sin embargo, en las horas siguientes presentó nuevas complicaciones. Los médicos optaron por someterlo a una hemodiálisis para aliviar el funcionamiento de sus riñones, muy complicados por el exceso de antibióticos. Siguió con drenajes y conectado a ventilación mecánica.

Goic recordaría años después: “Nunca despegó. Estaba mejor o peor. Desesperadamente se le operó por cuarta vez. Se trajeron antibióticos desde Estados Unidos y Francia, lo último que conocía la ciencia médica. Se consultaron los mejores especialistas extranjeros”.

La familia se contactó con los médicos que habían operado al Papa Juan Pablo II después del atentado en Roma: recomendaron no moverlo de Chile.

Varios amigos se turnaron por las noches para vigilar el ingreso al pabellón donde se encontraba el ex presidente. Ninguno, sin embargo, podía controlar el acceso de personal médico a la UTI.

El 17 de diciembre Frei fue sometido a una cuarta operación para limpiar la cavidad peritoneal, invadida por sustancias purulentas producidas por la infección que se hacía incontrolable. En la clínica se congregó un selecto grupo de médicos entre los que figuraban Vicente Contreras, Juan Luis González, Gonzalo Sepúlveda, Ramón Valdivieso, Juan Pablo Beca, Mauricio Parada, Carlos Zabala y Juan Reyes, entre otros.
Alguien cercano a la familia recibió una llamada telefónica en que le decían que un paramédico de apellido González estaba infectando al ex mandatario. Pero no había nadie con ese apellido en el personal de la clínica.

Los esfuerzos fueron inútiles. Frei Montalva sufrió progresivas fallas multisistémicas que culminaron con su muerte a las 17 horas del viernes 22 de enero de 1982, cinco días después de haber cumplido 71 años.

MUESTRAS Y AUTOPSIA

Pocos minutos después de su fallecimiento llegaron a la Clínica Santa María dos patólogos de la Universidad Católica, Helmar Rosenberg Gómez y Sergio González Bombardiere, acompañados por el auxiliar Humberto Gallardo, para efectuar una autopsia y embalsamar el cadáver, trabajo que realizaron sin nadie presente, según declaró Rosenberg ante el juez Madrid. El equipo había sido enviado por el doctor Hernán Barahona, jefe de los anatomopatólogos del Hospital Clínico de la UC, a petición, aparentemente, de los médicos encargados por la familia Frei -los doctores Patricio Rojas y Patricio Silva-, para servir de enlace con los distintos profesionales involucrados en la atención del ex presidente.

Rosenberg aseguró al juez Madrid que sacaron muestras del hígado, riñón y pulmones de Frei Montalva, tarea que concluyeron cerca de las 21 horas. Más tarde, en el Hospital Clínico de la UC, fotografiaron las vísceras y prepararon muestras para efectuar posteriormente la microscopía electrónica. Agregó que, a mediados de marzo de 1982, tras concluir las pruebas de laboratorio, realizó un protocolo manuscrito de todo lo encontrado, información que entregó al doctor Barahona. Poco después, por instrucciones de su jefe se reunió con los doctores Rojas y Silva para darles a conocer los antecedentes, sin que ellos pidieran análisis adicionales. 

Aquella autopsia permaneció extraviada casi veinte años, hasta que en enero de 2003 fue encontrada en un archivo del hospital clínico de la UC, rotulada como NN. Incautada por el juez Madrid, fue exhibida a la secretaria Carmen Barahona Solar, encargada en 1982 de transcribir las cintas donde los patólogos de la UC grababan las autopsias. Para sorpresa del magistrado, la mujer indicó que el informe no correspondía en su totalidad al que ella había transcrito con su máquina de escribir; es más, la autopsia entregada por la UC estaba escrita en computador e impresa en un papel diferente al que ella utilizaba.

Este embrollo ha sido una de las principales líneas de investigación del juez Alejandro Madrid, quien al parecer aún no consigue precisar lo que verdaderamente ocurrió en aquel procedimiento forense.

FATÍDICO MARTES 8

El martes 8 de diciembre de 1981, mien-tras Frei ingresaba al quirófano para un aseo quirúrgico de urgencia, en la galería 2 de la Cárcel Pública cuatro presos políticos del MIR -los hermanos Ricardo y Elizardo Aguilera, Guillermo Rodríguez Morales y Adalberto Muñoz Jara-, junto a cuatro presos comunes eran víctimas de envenenamiento con la bacteria Clostridium botulinum, que fue sembrada en su comida. Seis de ellos lograron salvarse gracias a la Vicaría de la Solidaridad y el Codepu, que consiguieron el anticuerpo de la toxina en Estados Unidos y Argentina. Dos presos comunes, Víctor Hugo Corvalán Castillo y Héctor Pacheco Díaz, murieron los días 9 y 20, víctimas de una “intoxicación aguda inespecífica”, según precisó el Servicio Médico Legal.

Poco tiempo después, la tecnóloga médica Eliana Gladys Marambio, del Instituto Bacteriológico, quien había diagnosticado la intoxicación por botulismo en los presos, intentó rescatar en el Servicio Médico Legal parte del intestino del primer fallecido para analizarlo. Pero las muestras habían desaparecido.

Las toxinas botulínicas se cuentan entre las más letales. La variedad denominada cepa A es mortífera aún utilizada en una proporción de una milésima de millonésima de gramo por kilo del cuerpo humano, lo que le confiere un potencial tóxico cien mil veces superior al gas sarín. Producida por la bacteria Clostridium botulinum, esta toxina se disuelve fácilmente en agua cuando está en polvo fino. Podría emplearse en ataques con aerosol (pese a que en contacto con el aire se descompone y pierde rápidamente gran parte de su toxicidad), o para contaminar los alimentos. Los síntomas comienzan con náuseas, diarrea, mareo y debilidad. Se les suman más adelante visión doble, dificultades respiratorias por acumulación de flemas y convulsiones, hasta producir la muerte.

CONEXIÓN CON BERRÍOS

Al promediar el otoño de 1995 fue encontrado en una playa de Uruguay el cadáver del químico de la Dina Eugenio Berríos, quien fue sacado de Chile en 1991 por agentes de la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine), para evitar que revelara a la justicia la información que tenía sobre actividades secretas de la Dina y del ejército. Berríos fue ejecutado con dos balazos en la nuca, sepultado cabeza abajo y con sus manos amarradas con alambre, un método empleado por organizaciones mafiosas para eliminar a los traidores.

En los meses siguientes, empezaron a conocerse las actividades de Berríos, en especial su papel como fabricante de gases y toxinas para uso de la Dina y de unidades secretas del ejército. Se conoció de la manipulación de gas sarín en varios asesinatos cometidos por la Dina y de la producción de venenos químicos para una eventual guerra con Perú o Argentina. También se supo de su enorme interés por conseguir nuevos métodos para la refinación de cocaína, a la que era adicto. 

En octubre de 2000, desde La Moneda se pidió al director de Investigaciones que hiciera una prospección sobre las probabilidades de que el ex presidente Frei Montalva hubiese sido envenenado. El director, Nelson Mery, encargó la tarea a uno de sus mejores agentes, Nelson Jofré, quien inició su pesquisa en el Instituto de Salud Pública. A las pocas semanas, había conseguido algunos datos sorprendentes.

Uno de ellos señalaba que en julio de 1981, por encargo del jefe de seguridad del Bacteriológico, el comandante Jaime Fuenzalida Bravo, un funcionario de la entidad había retirado desde la Cancillería un paquete que contenía un tubo con Clostridium botulinum. La toxina, que había llegado por valija diplomática, quedó en manos del director del Instituto, el coronel Joaquín Larraín Gana.

El detective Jofré pudo establecer los lazos que existían entre el Bacteriológico y el Complejo Químico del Ejército, en Talagante. Pero su búsqueda también permitió descubrir la existencia del muy secreto Laboratorio de Guerra Bacteriológica, en calle Carmen 339, donde hoy se encuentra el Archivo Judicial, y que dirigía el médico Eduardo Arriagada Rehren.

Desde el Bacteriológico se suministraban equipos, muestras químicas y biológicas, además de animales para experimentación, no sólo a algunas unidades militares sino también a médicos de la Colonia Dignidad. Otro antecedente hallado por Jofré fue la relación de Eugenio Berríos con varios profesionales del Instituto.

Poco después de la investigación de Jofré, la familia Frei se hizo parte judicial por el secuestro y asesinato de Berríos, que llevaba en el Sexto Juzgado del Crimen la jueza Olga Pérez, y que poco había avanzado hasta entonces. Eso cambió radicalmente a partir del 31 de enero de 2003, cuando asumió el juez Alejandro Madrid, quien abrió nuevas líneas de investigación.

EL CHOFER ENQUISTADO

Raúl Lillo Gutiérrez, ex agente de la Dina y de la CNI, perteneciente a la Brigada Político-Sindical de esta última, y luego miembro de la Unidad Especial de la Dine, reveló al juez Madrid una conversación con Eugenio Berríos, mientras lo custodiaba estando retenido en Uruguay. Berríos -aseguró Lillo- le comentó que en diciembre de 1981 había logrado introducir una toxina preparada por él en unas latas de conservas a la ex Cárcel Pública, para envenenar a unos miristas.

Un dato del inusual currículum de Lillo interesó al magistrado. Mientras estuvo en la Dina y en la CNI, Lillo había sido el agente de control de Luis Becerra, chofer de confianza de Frei Montalva, quien actuó como informante de la Dina hasta mediados de los 90, cuando trabajaba con Andrés Zaldívar.

El objetivo de Berríos en la Cárcel Pública, por encargo de un hasta ahora anónimo jefe, aparentemente no eran los miristas que resultaron envenenados, sino el jefe de la fuerza central del MIR, Carlos García Herrera, quien había integrado el comando que ejecutó el 15 de julio de 1980 al coronel Roger Vergara, director de la Escuela de Inteligencia del Ejército.

Vergara dirigía una reservada investigación sobre un cuantioso fraude con el IVA, cercano a los 20 millones de dólares, y algunos otros negocios oscuros emprendidos por el general Manuel Contreras, ex jefe de la Dina, a través de varias empresas creadas por él y un grupo de amigos. La muerte del coronel Vergara motivó que Pinochet sacará al general (r) Odlanier Mena, adversario acérrimo del ex jefe de la Dina, del mando de la CNI. Años después se sabría que Eugenio Berríos había recibido también una petición de Manuel Contreras para preparar un veneno para agregar al té que se servía al general Mena. 

El año 2003 la familia Frei redobló sus esfuerzos para esclarecer la muerte del ex presidente. Reaparecieron las dudas que tuvo el médico que operó a Frei inicialmente, el doctor Augusto Larraín, primo de los hermanos Zaldívar Larraín. También se insistió en que la familia Frei no había autorizado la autopsia ni la extracción de muestras de tejidos. Pidieron, además, que se investigara al personal médico y paramédico que trabajaba en la Clínica Santa María en 1981.

Surgió entonces una nueva vertiente de sospechas. A lo menos tres médicos que habían prestado servicios a la Dina -los doctores Pedro Valdivia Soto, Sergio Vélez Fuenzalida y Enzo Fujije- laboraban en la Clínica Santa María en el período en que Frei Montalva estuvo internado allí. Los tres formaban parte de un grupo más amplio de colaboración con agentes de la Dina y CNI en interrogatorio y tortura de prisioneros, tanto en cuarteles secretos como en las clínicas Santa Lucía y London. En diversos procesos judiciales se ha determinado que a numerosos secuestrados se les inoculó agentes químicos y biológicos que, en varios casos, les produjeron la muerte. 

A partir de abril de 2005, el juez Madrid se abocó, en un proceso aparte, a tratar de despejar las dudas sobre la muerte del ex presidente Frei Montalva. Una arista ha sido investigar si existía personal médico o auxiliar en la clínica que trabajara secretamente para los aparatos represivos de la dictadura y que pudiese haber “plantado” alguna toxina en el cuerpo del ex presidente. Otra línea de investigación han sido los peritajes forenses a muestras de tejidos de Frei, para identificar sustancias tóxicas que pudieran haberle producido la muerte.

La jefa de peritos, la doctora Carmen Cerda, estremeció los ámbitos político y de tribunales al declarar, refiriéndose a la muerte de Frei Montalva: “Hubo intervención de terceros. Le administraron un conjunto de sustancias en distintas ocasiones”. La afirmación fue mediada por el magistrado, quien ha mantenido cuidadosa reserva de su investigación. Una parte considerable del expediente lo mantiene guardado bajo siete llaves, sin que nadie lo conozca hasta hoy. Lo dicho por la doctora Carmen Cerda parece creíble. Ella sostuvo, por ejemplo, hace bastante tiempo, que Raúl Pellegrín y Cecilia Magni, ex comandantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, habían sido asesinados, contradiciendo los exámenes de sus colegas, que sostuvieron que habían perecido ahogados. Hoy no caben dudas de que ambos fueron asesinados mediante atroces torturas.

Un antecedente que maneja el juez Madrid es la identidad falsa de un probable funcionario de la Clínica Santa María que habría sido portador de las toxinas que provocaron la muerte de Frei Montalva. 

Así, paso a paso, el juez Alejandro Madrid, un investigador riguroso, avanza inexorablemente hacia la verdad.



La Nación

Domingo 8 de marzo de 2009 

La autopsia de Frei paso a paso

“¿A quién protege Patricio Rojas?”, preguntó Carmen Frei en agosto de 2006, revelando el quiebre de su familia con el ex ministro de Frei Montalva. Sus palabras adquieren hoy otra envergadura luego de que Rojas fuera reinterrogado por el ministro Alejandro Madrid, quien investiga el asesinato del ex mandatario. Ciper reconstituyó paso a paso la autopsia al ex mandatario, develando una secuencia estremecedora y llena de sugerentes interrogantes.

El reloj marca las 17:20. La hora exacta en que el corazón de Eduardo Frei Montalva se paraliza. A su lado, una enfermera y el doctor Alejandro Goic. El segundo piso de la Clínica Santa María se agita como un panal de abejas. Minutos después, la noticia estalla por las calles de Santiago y el hall central de la clínica se va convirtiendo en un hormiguero. La gente llega corriendo, se abraza, se escuchan sollozos. La conmoción crece a cada minuto.

Tras la extirpación de una hernia al hiato (el 18 de noviembre de 1981), una operación que parecía simple, las cosas se complicaron dramáticamente hasta precipitarse este 22 de enero de 1982. Ahora todos esperan ansiosos noticias del cuarto piso, donde la viuda, Maruja Ruiz-Tagle, rodeada de sus hijos y algunos nietos, inicia el camino de la pérdida. Nadie mira hacia abajo, hacia el subterráneo, allí donde en esos mismos minutos se inicia una extraña operación.

Dos hombres esperan impacientes en el estacionamiento subterráneo. Antes de las 6 de la tarde, una ambulancia aparece. Tres hombres con delantales blancos descienden. Transportan una escalera de tijera y algunos bultos. No hay apretones de mano. Sin perder un minuto, los hombres de blanco son conducidos hasta el ascensor. Descienden en el segundo piso. La pequeña comitiva va directo hasta el único acceso de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Clínica y traspasan la puerta sin que nadie los detenga. Nadie presta atención a que, a diferencia del resto del personal médico, ellos no llevan distintivo alguno que indique a qué institución pertenecen y tampoco su nombre.

El civil que los guía se detiene frente a una habitación. Los tres hombres de blanco ingresan. La antesala se despliega ante los ojos de los recién llegados. Allí susurran no más de cinco personas. Un breve intercambio de palabras y con la misma rapidez, el trío traspasa la puerta de la habitación habilitada para un paciente especial. En la cama yace Eduardo Frei Montalva. Aún está cubierto por un pijama y sobre su abdomen conserva una venda elástica.

El que se comporta como jefe del trío visitante cierra la puerta. Ninguno de los tres hombres pide la ficha clínica del fallecido, ni a los médicos del establecimiento ni a sus facultativos particulares.

Antes de las 18 horas se inicia la intervención. Lo primero que sacan es la venda del abdomen que cubre la herida infectada de la operación. Sin mediar tregua, proceden a colgar el cuerpo del ex presidente con ayuda de la escalera de tijeras. Uno de ellos coloca agujas en las arterias del cuello, brazos y piernas y le inyecta un líquido que han traído preparado para la ocasión. Dos horas más tarde, ocho litros de formalina inundan el cuerpo de Frei Montalva, expulsando los restos de sangre y el último calor de su cuerpo.

Es entonces que dos de los tres hombres, los doctores Helmar Rosenberg y Sergio González, ejecutan un corte preciso en el tórax y otro en el abdomen. Y comienza el despojo: el riñón, el hígado, el corazón, el páncreas, los pulmones, el bazo En ese momento, el tercer hombre en la pieza se percata de que el bazo tiene adosado un apósito.

Dos pisos más arriba la señora Maruja Ruiz-Tagle no sospecha lo que está ocurriendo en ese preciso momento en la habitación especial donde está el jefe de familia recién fallecido. En el hall de la clínica, entre los dolientes que llegan en una procesión creciente, se desplazan inadvertidos dos agentes de la unidad especial de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE), cuyos integrantes han seguido paso a paso los movimientos del que hasta ese día era el líder indiscutido de la oposición a Pinochet. Sólo unos minutos bastan para confirmar el impacto demoledor provocado por la noticia de su muerte.

En el segundo piso, el trío continúa su tarea. Cada uno de los órganos extraídos por los dos facultativos va siendo entregado al auxiliar Víctor Chávez, quien los deposita en una bolsa plástica, la que luego acomoda en un container o balde metálico. Cuando el despojo termina, el cuerpo ahora vacío es rellenado con gasa. Todo se hace en forma precisa y rápida. Cierran primero el abdomen, luego el tórax y, por último, proceden al maquillaje. Han trascurrido casi cuatro horas. Aproximadamente a las 22 horas los tres hombres salen tan silenciosamente como llegaron.

La llegada del doctor Max Muller Vega, que le saca una máscara mortuoria al rostro del ex presidente, ha sido una de las pocas interrupciones experimentada por el trío. Casi no sintieron a la enfermera que ingresó y se retiró en puntillas. Tampoco detienen su labor cuando se asoma la hija del difunto, Carmen Frei. Pero nadie los interpela.

El doctor Goic, quien aún está bajo el shock de la muerte del hombre que respeta y quiere, no puede olvidar el instante mismo en que debió constatar su fallecimiento. Con mano trémula firmó el certificado respectivo. Y entre la familia y la multitud que acude para expresar sus sentimientos, el doctor ve a dos personas en la habitación donde acaba de morir Frei, preparándose para ejecutar "un embalsamamiento". Eso fue lo que dijeron. No se inquieta. Alguien de la familia debe haberlo pedido

El cuerpo del ex presidente es entregado cerca de las 23 horas a sus hijos. A esa misma hora, el doctor Rosenberg, ya de regreso en el Hospital Clínico de la Universidad Católica, donde trabaja, tiene todo preparado para iniciar el examen microscópico electrónico de las muestras. Las introducen en bolsas transparentes, las que procede a sellar sin rotular. Otras muestras las guarda en pequeños cubos de parafina sólida. Y lo más importante: hasta hoy nadie sabe lo que hizo con las vísceras.

Secretos sin respuesta

Cuando la familia de Eduardo Frei recibe su cuerpo, su rostro no tiene huellas de ninguna intervención. Es la misma cara, ahora con los ojos cerrados, que los ha acompañado durante toda su intensa vida familiar. Y ello porque lo único que el equipo del doctor Rosenberg dejó intacto fue el cerebro. Todos ignoran que el corazón de Frei, así como su hígado y otros órganos, ya están en tubos con formalina.

El doctor Rosenberg guardará rigurosamente el secreto de lo que hizo aquella calurosa tarde del 22 de enero de 1982, y que lo tuvo ocupado hasta el amanecer del día siguiente. Lo mismo que el doctor González. Diez años transcurren y nadie pregunta nada. Es el tiempo que tarda Rosenberg en decidirse a transcribir los resultados del procedimiento. Y diez años más deberán pasar hasta que alguien decida revelar la existencia del documento.

Porque dos décadas después de la muerte de Frei Montalva se recibe el mensaje de que existe una autopsia hecha al ex presidente minutos después de su muerte, en la misma habitación donde murió. Carmen Frei, la hija del ex mandatario y ex senadora, la mujer que iniciara en 2000 la investigación sobre su posible asesinato ante la mirada escéptica de todos, de inmediato recoge la hebra. Sabe que es una pieza clave del proceso. Tiene la plena convicción de que nadie de su familia autorizó una autopsia. Lo primero será rehacer cada minuto a partir de la muerte del padre. Y lo hace.

Finalmente, se llega al Hospital Clínico de la UC, el establecimiento hospitalario al que pertenecerían los patólogos que realizaron la autopsia. Dos años transcurren entre el primer indicio del informe hasta ese momento desconocido y su confirmación. En el primer documento escrito que habla de una autopsia, aparece la firma del doctor que dirigió la intervención: Helmar Rosenberg. Además la familia recibe un dato que la dejará sin aliento, el del nombre del hombre que la pidió: el pediatra Patricio Rojas, el ex ministro del Interior de Frei Montalva hasta el día en que le entregó el bastón de mando a Salvador Allende en 1970. El fiel colaborador de Patricio Aylwin entre 1990 y 1994. El hombre que en esos días dramáticos ofició de nexo entre el equipo médico y la familia Frei.

La indignación en la familia Frei se acrecienta. ¿Cómo fue posible que se le hiciera al ex presidente una autopsia en la clínica y nadie les pidiera la autorización, condición indispensable para su materialización? Pero más importante aún: ¿por qué realizar la intervención en la habitación donde murió Frei? ¿Por qué no llevarlo a un lugar habilitado con mesa de mármol o de metal y agua corriente para que la autopsia se hiciera con un mínimo de garantías de salubridad? ¿Por qué la rapidez, el secreto, la violación de varios reglamentos médicos y legales? No hay respuesta.

Una de las primeras tareas que surgen entonces es identificar al médico de la Clínica Santa María que entre las 17 y las 23 horas de ese 22 de enero de 1982 está a cargo del pasillo donde estaba ubicada la habitación donde Frei muere. Porque ese facultativo tenía la responsabilidad de resguardar el cuerpo del ex presidente. Y es el único que debió haber impedido o al menos interpelado a cualquier extraño que quisiera acceder a su cadáver.

Ocho páginas que acusan

A partir de ese momento se inicia un carrusel de contradicciones. El doctor Rosenberg dice que realizó "el embalsamamiento", y no una autopsia, por orden del doctor Roberto Barahona, a quien individualiza como el entonces director del Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica. Y agrega que casi tres meses más tarde, en abril, también por orden de Barahona, le informó de los resultados a los médicos que él identifica como los tratantes de Frei: Patricio Rojas, Patricio Silva y un tercero de cuyo nombre extrañamente todos se olvidaron.

Se equivoca, porque Rojas, como él mismo lo ha repetido, nunca ofició de médico de Frei. Pero en los inicios de la investigación esto no tiene importancia. Los doctores Rojas y Silva niegan toda relación con la autopsia y tampoco recuerdan la reunión de abril.

El doctor Barahona nada puede decir. Al momento de la muerte de Frei, él estaba enfermo en su casa. Murió siete meses después que el ex presidente. ¿Quién dirigía entonces el Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica al momento de la muerte de Frei? Otro misterio a resolver.

Los dichos de Rosenberg son nuevamente despedazados cuando finalmente una copia completa del "embalsamamiento" que le hizo a Frei, llega a manos de la familia. Porque en la primera página de ese documento se lee: AUTOPSIA N 9/82. NOMBRE: EDUARDO FREI MONTALVA. PATÓLOGO: Dr. H. Rosenberg. RESIDENTE: Dr. S. González. FECHA Y HORA: 18 horas (ver facsímil).

Es la primera prueba de que sí hubo autopsia. Tanto así, que fue archivada en los mismos libros en los que se guardan cuidadosamente empastados de cien en cien todos los informes de autopsia que allí se practican. Ese documento marca también el comienzo de otros descubrimientos. Porque cuando se procede a periciarlo, y casi a simple vista, se percibe que tiene características totalmente distintas a los otros informes que ese empaste contiene.

Rosenberg explica. Dice que guardó sus apuntes y la grabación de los análisis por aproximadamente diez años. Y que fue entonces que decidió transcribir los resultados, tarea que le encomendó a Carmen, la secretaria del Departamento de Anatomía Patológica e hija del extinto doctor Barahona.

Esa es la explicación del cirujano y patólogo Helmar Rosenberg Gómez, 74 años, de por qué el "Informe de autopsia N 9/82" a Eduardo Frei Montalva, que se despliega en ocho páginas, no tenga el mismo tipo de letras que las otras empastadas en el mismo tomo. Y que sea evidente que fue pegoteada a destiempo. Más curiosa es la anexión del examen histológico, que se hizo en época totalmente distinta.

Las fotografías de microscopía electrónica también desaparecieron. Un pequeño desorden por cambio de sede afirma está en el origen. Y no existe ficha médica adjunta. Para esa irregularidad no hay respuesta. Tampoco hay explicación para la inexistencia de un diagnostico clínico. ¿Dónde están entonces los resultados que afirma haber informado en abril de 1982 a los doctores Patricio Rojas y Patricio Silva?

La sociedad Rosenberg-González

Si la autopsia de Frei demoró 20 años en ser descubierta, los misterios que la rodean han sido menos resistentes. Porque la versión de Rosenberg tuvo una contraparte brutal. Y ello porque Carmen Barahona no reconoció el informe de autopsia archivado. Y hubo otro recuerdo importante: su padre efectivamente estaba enfermo al momento de la muerte de Frei, por lo que no era el director del departamento. El jefe era el doctor Benedicto Chuaqui. Un problema: Chuaqui nunca vio el informe de la autopsia practicada a Eduardo Frei. Así lo afirmó en una muy temprana indagatoria. Peor: el doctor no podrá decir lo que logró descubrir cuando quiso saber por qué le habían ocultado el informe de Frei. Murió en 2003.

Un misterio que sigue sin resolver es cómo se explica que el equipo médico encabezado por Rosenberg llegara a la Clínica Santa María sólo minutos después de la muerte de Frei (17:20). Porque lo que Rosenberg y su equipo confirman es que partieron desde el Hospital Clínico de la UC a la Clínica Santa María alrededor de las 17 horas de ese 22 de enero. Y el informe de autopsia consigna la hora de inicio: 18 horas.

Un apoyo importante le ha brindado a Rosenberg el doctor Sergio González Bombardiere. Los recuerdos de este patólogo de 55 años, jefe desde 2000 del Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la Universidad Católica y quien lo secundó en la autopsia practicada a Frei, son casi idénticos a los de Rosenberg.

Lo que no calza es que Rosenberg, con 33 años en el Departamento de Anatomía Patológica de la Escuela de Medicina de la UC, y González, con 27 años en el mismo, insistan en que no hay nada extraño en el embalsamamiento que se le hizo a Frei. Primero, fue una autopsia. Incompleta, pero autopsia. Segundo, los datos ciertos de ese centro médico indican que no hay registro de que alguna vez se haya hecho una intervención similar a la de Frei en otro establecimiento hospitalario y menos en la habitación del paciente. ¿Por qué la excepción y la urgencia? No hay respuesta.

La solidaridad entre ambos podría explicarse porque no sólo son compañeros de trabajo desde 1981, tres años después de que González se titulara, sino también socios desde 1993. La última empresa conjunta lleva por nombre Profesionales e Inversiones Médicos Patólogos Asociados.

En cuanto a Patricio Rojas, los recuerdos de Carmen Barahona han sido lapidarios. Porque sin titubear afirmó que, al momento de la muerte de Frei, su padre estaba en su casa enfermo, y que Patricio Rojas lo llamó para solicitarle la autopsia al cuerpo del ex mandatario.

En su declaración judicial de 2003, publicada por "La Tercera", Patricio Rojas reconoce el hecho que calló por dos décadas: "Efectivamente se hizo un protocolo de autopsia, realizado por un médico del Hospital Clínico de la Universidad Católica, tuvimos el cuidado de hacer el examen anatomo-patológico y tuvimos los informes de este examen. Como yo no era el médico tratante, no fui yo el que recomendó a la familia que se practicara la autopsia, pero cuando me consultaron no me opuse, pudo ser el doctor Goic o el doctor Silva. También, comenté la necesidad de contar con exámenes tanatológicos para tener la certeza de la causa de su muerte, pero ignoro si se hicieron o no, y si así fue no tuve acceso a los resultados".

La información oficial, que recibió también Rojas de parte de los médicos de la Universidad Católica, fue que la causa de muerte del ex presidente fue una septicemia no controlada. Pero el documento que lo acredita no aparece, sino que sólo se conoce el informe anatomo-patológico. Ante de la duda creciente de que pudo haber sido contaminado por agentes químicos en forma deliberada, su cuerpo fue exhumado en 2005 y las muestras enviadas a FBI, sin obtenerse resultados positivos. Pero después, otros importantes análisis se han practicado. Y de su resultado sólo sabe el ministro Alejandro Madrid, quien decretó desde entonces que ninguna de las partes tiene acceso al sumario.

Patricio Rojas se ha defendido de las dudas sobre su rol en los procedimientos que tuvieron lugar en las horas posteriores a la muerte del ex presidente. Y ha descartado las evidencias de una posible intervención de terceros, diciendo que sólo son "conjeturas".

La réplica más dura que ha tenido Rojas ha sido de parte de Carmen Frei. El 31 de agosto de 2006, en entrevista con Radio Cooperativa, afirmó: "¿Conjeturas? ¡Por favor! Más que evidencia: yo vi la escalera en la pieza y me sacaron de ella porque a mi papá le estaban haciendo una autopsia". Y concluyó reiterando una frase que aún hace eco: "¿A quién protege Patricio Rojas?".

Dos años y medio más tarde, ninguna de las declaraciones de Patricio Rojas han convencido a los hijos Frei, los que no entienden cómo uno de los hombres de máxima confianza de la familia les ocultó por más de 20 años que se había hecho una autopsia cuyo procedimiento está lleno de irregularidades.

Por ello, el próximo paso que la familia Frei pedirá será la reconstitución judicial paso a paso de la autopsia. Una diligencia que seguramente podría despejar misterios y unir las pocas piezas que aún faltan para que el juicio sea caratulado como "asesinato".



CIPER

5 de Marzo 2009

Médico de la DINA y CNI operó a Eduardo Frei Montalva

El 6 de diciembre de 1981 marca el camino a la muerte del ex presidente Eduardo Frei Montalva. Ese día, asume el timón de la decisiva segunda operación, el doctor Patricio Silva Garín, del Hospital Militar. Todos los profesionales a los que convoca a su equipo son militares, incluido un médico, hasta ahora omitido y que pertenecía a la CNI; y un anestesista con historia. La reconstitución de esos momentos revela que los hombres de los servicios de seguridad de Pinochet que cercaron a Frei en sus últimos días están unidos en una trama que involucra varias muertes que bien podrían aclararse en el curso de la investigación del ministro Alejandro Madrid. La de José Tohá es una de ellas.

Tan sólo unos minutos le bastan al doctor Patricio Silva Garín para decidir ese 4 de diciembre de 1981 que Eduardo Frei Montalva debe regresar de inmediato a la Clínica Santa María. Han trascurrido 17 días de la operación a la hernia al hiato a la que se sometió en la misma clínica, y hay síntomas claros de una recaída. Los primeros en ser alertados son los agentes de la CNI y de la Unidad Antiterrorista (UAT, de la Dirección de Inteligencia del Ejército, DINE). La información la reciben –entre otros- del chofer de Frei y hombre de confianza de su familia, Luis Becerra, quien desde que Frei enfermó se ha instalado y está presente a toda hora en la casa familiar ubicada en calle Hindemburg. En ese momento nadie sospecha que Becerra es agente de la CNI.

Dos días después, a las 16 horas, el ex presidente yace pálido y febril en la camilla del pabellón. Está a punto de comenzar la segunda operación. Y esta vez, en el puesto de mando se instala el doctor Patricio Silva Garín, el que acaba de relevar al cirujano Augusto Larraín Orrego, quien dirigió la primera intervención. A su lado se ubica el doctor Eduardo Wainstein, cirujano gastroenterólogo y cancerólogo, médico jefe de Cirugía del Hospital Militar.

Sólo esos dos médicos aparecían hasta ahora en esa segunda y decisiva operación al ex presidente. Inexplicablemente se omitió el nombre del tercer médico al que convocó personalmente el doctor Patricio Silva Garín (descartando a todos los facultativos que habían participado anteriormente en el equipo que atendía a Frei). Pero el equipo de policías que junto al ministro Alejandro Madrid investiga la muerte del ex presidente, lo encontró. Y este fue Rodrigo Vélez Fuenzalida, en esos momentos cirujano de urgencia del Hospital Militar, de la Clínica Santa María y también médico de la CNI.

Rodrigo Vélez, quien ingresó a la DINA en 1976 y siguió en la CNI hasta al menos 1982 y en el Ejército hasta 2004 (actualmente se desempeña en el centro Dial Médica de Providencia), participa en la operación que el 6 de diciembre de 1981 marca un antes y un después en la vida de Eduardo Frei Montalva. También en su historia clínica.

Los otros hombres de la DINE

21A las 16 horas del 6 de diciembre de 1981 se inicia la segunda intervención. Todo se desarrolla bien salvo en un pequeño momento en que el doctor Silva trata de separar las asas intestinales al percibir un plastrón que comprometía varias de ellas. Pero sutura y poco después da la autorización para que el paciente sea trasladado a la habitación 401.

A la mañana siguiente, el doctor Alejandro Goic es llamado de urgencia: el doctor Carlos Zavala, de la Clínica Santa María, le informa que el ex mandatario está en shock séptico. Otro de los médicos del mismo establecimiento hospitalario, el doctor Sergio Valdés, uno de los más respetados por su experiencia en Cuidados Intensivos, diagnostica que lo más probable es que se haya provocado una infección en la cavidad abdominal.

Como ha quedado demostrado en la investigación judicial y también en la investigación hecha por la autora de este reportaje, la evolución de Frei Montalva es seguida de cerca por los agentes de la Unidad C1-2 de la CNI, que en esos días tienen como misión primordial rodear la Clínica Santa María para informarse paso a paso de lo que ocurre. También cuentan con informantes privilegiados, como los doctores Sergio Virgilio Bocaz, quien trabaja simultáneamente en la Clínica London (desde 1976) de la CNI y en la Santa María; y Pedro Samuel Valdivia Soto, médico de la CNI; quien trabaja también en la Clínica Santa María.

Valdivia fue contratado para atender a los pacientes del post operatorio entre las 20:00 y las 8:00 horas. Por lo mismo, tiene acceso a cualquier hora de la noche a la habitación 401, la de Eduardo Frei.

De hecho, poco antes de que se decidiera relevar al doctor Augusto Larraín de su rol de médico jefe de Frei, el doctor Pedro Valdivia examina al paciente. Dice haber sido convocado por la enfermera María Victoria Larraechea, cuñada de Eduardo Frei hijo. Pero la hermana de Marta Larraechea niega haberlo llamado. Y luego, minutos antes de que el doctor Patricio Silva Garín asuma el rol principal entre los médicos de Frei, testigos verán a Silva y al doctor Pedro Valdivia conversando en un pasillo.

Toxinas en la cárcel y en la Santa María

El 8 de diciembre se decide volver a operar a Frei. Son horas críticas. Nuevamente el cirujano Patricio Silva da el vamos. Son las 19:30 exactas. Afuera, se siente el ritmo tranquilo de la ciudad en un día festivo. Pero en la Clínica Santa María hay angustia. En esas precisas horas, la familia del ex mandatario ignora que un clima dramático similar se apodera de los presos en la Cárcel de Santiago. Dos delincuentes comunes y cuatro integrantes del MIR también se debaten entre la vida y la muerte: Ricardo y Elizardo Aguilera; el jefe de las milicias de resistencia del MIR, Guillermo Rodríguez Morales, y Adalberto Muñoz Jara; más los reos comunes Víctor Hugo Corvalán Castillo y Héctor Pacheco Díaz.

Sólo se salvan los presos políticos. Corvalán y Pacheco fallecen por “intoxicación aguda inespecífica”. Nunca se hicieron análisis de sus restos. Más tarde se probará que fue una intoxicación con toxinas botulínicas. Las mismas que preparaba en el laboratorio de la DINA, el químico Eugenio Berríos. Y sólo en los últimos años se tendrán las pruebas de que fue una contaminación deliberada de sus comidas para asesinarlos. Una operación digitada desde la DINE para vengar a los integrantes del MIR acusados por el asesinato de su colega de la DINA y la DINE, el antiexplosivista Carlos Tapia y del coronel Roger Vergara.

19Pero en ese momento nadie liga ambos hechos. Y la familia de Frei Montalva deposita la vida del dirigente democratacristiano en las manos de un equipo médico con estrechos lazos con el poder militar imperante y con sus servicios más secretos. Los mismos que luego de constatar el liderazgo del ex presidente como principal opositor al plebiscito para ratificar la Constitución de 1980, su incorporación como integrante de la Comisión Norte-Sur, el grupo de estadistas mas influyentes del mundo encabezado por Willy Brandt; y su adhesión al grupo que dirige Tucapel Jiménez y que prepara un paro nacional, lo han identificado como el principal enemigo del régimen a eliminar.

La historia oculta de Patricio Silva

El jefe del equipo médico ahora es Patricio Silva Garín, integrante de la plana mayor del Hospital Militar, concuñado y amigo de Patricio Rojas, el fiel ex ministro de Frei. Su presencia en el escalafón militar desde 1956 no es nominal. En 1966 participó en dos cursos en la Escuela de las Américas de Panamá, oscuro centro de entrenamiento de los represores de Latinoamérica.

A Silva le gustaban los cursos militares. En 1974, siguió el curso “Informaciones para oficiales de los servicios” en la Academia de Guerra, donde tuvo varios compañeros notables. Entre ellos, el doctor Eduardo Arriagada Rehren, quien después de asumir el mando de la Clínica London de la DINA fue director de Sanidad del Ejército y director del Instituto Bacteriológico de la misma institución hasta que en 1990 se lo encuentra en el subterráneo de la Brigada de Inteligencia del Ejército (BIE), en calle García Reyes. También figuran en el mismo curso el doctor Sergio Rosende Oyarzo, del mismo Laboratorio Bacteriológico del Ejército y los doctores Horacio Taricco Lavín y Vitorio Orvietto, ambos directores de la Clínica London de la DINA; además del dentista Sergio Muñoz Bontá, del mismo establecimiento.

Cuando al doctor Patricio Silva le han preguntado por los colegas que participaban en los servicios de seguridad, su respuesta es que desconoce todo en esa área. Tampoco identifica en ese grupo al doctor Rodrigo Vélez. Y prefiere no incluir a Vélez entre los facultativos presentes en la operación decisiva a Frei Montalva. Tampoco sabe de la autopsia que se le hizo al ex mandatario y de la cual fue informado por el propio doctor que la practicó: el doctor Helmar Rosenberg. Silva insiste en que ni siquiera conoce a Rosenberg.

Lo cierto es que el doctor Silva, el mismo que estuvo en “comisión extrainstitucional al comando en jefe del Ejército” desde abril de 1980 hasta julio de 1982, se hace cargo de decidir lo que se hará con el paciente Eduardo Frei Montalva en diciembre de 1981, teniendo ya a su haber un rol importante en la hasta ahora no aclarada muerte del general Augusto Lutz, ex director de Inteligencia del Ejército, en 1974.

17Fue el propio Silva quien atendió a Lutz cuando éste enfermó súbitamente en Punta Arenas, lugar al que fue relegado por Pinochet en 1974, zanjando así la disputa que mantenía Lutz con Manuel Contreras por los abusos de poder del jefe de la DINA. Silva le diagnosticó una úlcera gástrica y lo acompañó en el avión que lo trajo al Hospital Militar, donde lo operó. El anestesista de esa operación fue el doctor Pedro Cubillos, quien cumplirá la misma función en dos intervenciones al ex presidente Eduardo Frei Montalva bajo la conducción de Silva Garín.

Poco después de la intervención, el 28 de noviembre de 1974, falleció en extrañas cirunstancias el ex director de Inteligencia Augusto Lutz. “¡Sáquenme de aquí!”, fue la última frase que alcanzó a escribir en una hoja de papel que le hizo llegar a una de sus hijas antes de morir. Tenía 52 años.

Pero Silva ya era en diciembre de 1981 protagonista de otro episodio oscuro hasta ahora desconocido y descubierto por el equipo de policías que secunda al ministro Alejandro Madrid. Fue el mismo doctor Silva el que operó en 1975 al ex ministro del Interior y Defensa de Salvador Allende, José Tohá, cuando lo interrogaban los mandos de la DINA Raúl Eduardo Iturriaga Neumann y Marcelo Moren Brito, en el Hospital Militar. La operación se materializa poco antes de que Tohá muera en un suicidio que podría en los próximos meses ser caratulado como homicidio.

Los hombres del cerco a Frei

Los hombres que han cercado a Frei en sus últimos días de vida comparten un pasado oscuro. Es el caso de Luis Becerra, su chófer; de Raúl Lillo, uno de los jefes del seguimiento a Frei desde la CNI y la DINE; del doctor Rodrigo Vélez Fuenzalida, el médico que lo opera y también el doctor Pedro Valdivia, quien circula en el mismo piso donde está hospitalizado el ex mandatario. Los dos últimos atienden a los prisioneros torturados en el cuartel Borgoño de la CNI y ambos saben de otro asesinato en la Clínica London de la DINA. Tanto así, que Valdivia será procesado en 2007 como encubridor del crimen del cabo de la DINA, Manuel Leyton, a quien se le aplicó el mortal gas sarín -fabricado por Eugenio Berríos- para que no revelara a un juez que lo interrogaría que habían lanzado al mar los cuerpos de detenidos desaparecidos.

Pero en esos días de diciembre de 1981 los doctores Vélez y Valdivia, con sus impecables y albos delantales, transitan sin problemas desde la supervisión a la tortura y la sutura a mujeres violadas, al delicado cuidado de los pacientes de la entonces exclusiva Clínica Santa María.

Eduardo Frei muere el 22 de enero de 1982. Un mes después es asesinado el dirigente sindical Tucapel Jiménez. Los dos principales líderes de la oposición y organizadores del paro nacional con el que se pensaba acelerar el fin de la dictadura, han desaparecido del escenario.

En 1990, recuperada la democracia, el ministro Adolfo Bañados toma en sus manos el juicio por el asesinato de Orlando Letelier y también decide investigar a fondo las operaciones de la DINA. Es entonces que se pone en acción el círculo de seguridad en torno a Pinochet y que sigue una línea continua desde la Brigada Mulchén de la DINA, la que pasa a denominarse en 1978 Unidad Antiterrorista (UAT), y luego se convierte en Brigada de Inteligencia (BIE). Pero siempre bajo la dependencia de la DINE.

Miguel Hernández y Raúl Lillo, protagonistas de los seguimientos a Frei y Tucapel Jimènez desde la UAT y la CNI, tienen un nuevo jefe: Arturo Silva Valdés. Será Silva Valdés y Francisco Ferrer Lima, condenado por el asesinato de Tucapel Jiménez, quienes se encargarán de sacar de Chile hacia Uruguay a Carlos Herrera Jiménez, autor del crimen de Tucapel Jiménez y a Eugenio Berríos, el químico que fabricó las toxinas y sustancias letales con que se eliminó a enemigos como Eduardo Frei Montalva.

Otros hombres de la ex Brigada Mulchén, como el brigadier Jaime Lepe, escolta de Pinochet y más tarde secretario general del Ejército, se encargarán de bloquear a la justicia para que las secretas operaciones de esa unidad de elite, como el asesinato de Carmelo Soria, queden en la impunidad.

18También se protegerá al suboficial José Roa Vera, de la misma unidad secreta de la DINE antes mencionada, quien fue el responsable de llevar las toxinas botulínicas hasta la Cárcel Publica en diciembre de 1981, con las que se intentó asesinar a cuatro integrantes del MIR en la misma fecha que Frei también agonizaba.

El doctor Rodrigo Vélez (61 años) seguirá durante muchos años su carrera sin perturbaciones. Pero hay un dato, un pequeño eslabón que lo une a la trama oculta donde los servicios de seguridad decidían sobre la vida y la muerte de los opositores al régimen militar. El hecho ocurre en enero de 1993, el mismo año en que Eugenio Berríos fue asesinado en Uruguay, cuando este cirujano de urgencia fue destinado a la Dirección de Inteligencia del Ejército.

En cuanto al doctor Patricio Silva Garín, su carrera ha ido en continuo ascenso. En democracia fue vicepresidente ejecutivo de la Caja de Previsión de la Defensa Nacional (Capredena) y hoy es uno de los más importantes asesores del nuevo Hospital Militar. Su concuñado y amigo, Patricio Rojas, no puede decir lo mismo. Mientras la atención se concentra en la figura del ex ministro del Interior de Frei Montalva, vuelve a cobrar importancia el emplazamiento que le hiciera desde el Congreso la hija del ex presidente, Carmen Frei: “¿A quién protege Patricio Rojas?”.



Soychile.cl

24 de Agosto 2013

Pinochet habría guardado las mortales toxinas botulínicas en La Moneda

Según la agencia DPA, las ampollas que se destruyeron en el Instituto de Salud Pública en 2008, llegaron en valijas diplomáticas provenientes de Brasil con el pretexto de ser usadas para "antídotos"

Las armas químicas que Augusto Pinochet (1973-1990) adquirió para sus planes de guerra interna y externa fueron entregadas en el propio palacio presidencial de La Moneda (Santiago de Chile), según confirman documentos policiales y judiciales reservados a los que accedió hoy la agencia dpa.

Las toxinas botulínicas, que fueron destruidas recién en 2008 como dpa reveló esta semana, llegaron en valijas diplomáticas provenientes de Brasil, admitieron a la policía agentes en retiro del Ejército y del estatal Instituto de Salud Pública (ISP).

En las declaraciones, que están en poder de la Justicia, el funcionario Marcos Poduje Frugone reconoció que fue como un estafeta del ISP a La Moneda a buscar un paquete que luego supo que eran toxinas botulínicas.

Poduje Frugone aseguró a la policía que entregó las toxinas al entonces jefe del Departamento de Laboratorios del ISP, Hernán Lobos, tras retirarlas de una oficina que la Cancillería tenía en La Moneda.

La operación, según declaraciones a la policía de los demás involucrados, fue a inicios de la década de 1980 y previo al envenenamiento de presos políticos con botulina y a la muerte del presidente Eduardo Frei en 1982, en cuyos restos fueron encontrados gas mostaza y talio.

El propio director del ISP en esos años, el coronel Joaquín Larraín, reconoció a la policía civil en un texto con su firma que la adquisición de armas químicas comenzó luego de una reunión con el médico Eduardo Arriagada Rehren, de inteligencia militar.

En el encuentro, Arriagada preguntó a Larraín, un ex profesor de la Escuela de las Américas, si el ISP tenía toxinas botulínicas, aduciendo que el Ejército las necesitaba, debido a las tensiones con países límitrofes, en especial Argentina.

Arriagada, quien estuvo acompañado en el encuentro además por el veterinario Eduardo Rosende, admitió los hechos también a los investigadores, quienes realizaron las pesquisas por petición del juez Alejandro Madrid.

El magistrado, quien lleva años investigando la muerte de Frei y el envenenamiento de presos en la Cárcel Pública de Santiago, debería dictar sentencia en ambos casos en los próximos meses.

Sobre la importación de las sustancias químicos a Chile desde Brasil, la versión de los agentes y funcionarios es que las toxinas botulínicas iban a ser empleadas para generar antídotos.

Estas antídotos serían elaborados -según esa versión de los agentes represivos- por el secreto Laboratorio de Guerra Bacteriológica del Ejército, ante el temor a conflictos fronterizos.

Esta semana la directora del Instituto de Salud Pública (ISP) entre los años 2007 y 2010, Ingrid Heitmann, reveló a dpa que profesionales del centro encontraron en 2008 dos cajas llenas de ampollas con botulina, en los refrigeradores del subterráneo del ISP.

El hecho jamás fue informado al entonces gobierno de la líder socialista Michelle Bachelet o la Justicia, la que investigaba en esos años el destino de la botulina.

La versión de Heitmann hace presumir que fueron varias las cajas que ingresaron a Chile con armas químicas en esos años, a diferencia de la información recabada por la policía, que hablan de una caja y que fue enviada a dependencias del Ejército.

El relato de la directora Heitmann admite el hallazgo de dos cajas en el propio ISP, ubicada a un costado del concurrido Estadio Nacional.


La Nación

11 de Febrero 2011

Acogen a trámite querella que investiga muerte de Frei Montalva

La querella interpuesta por el Ministerio del Interior, encabezado por Rodrigo Hinzpeter, sobre el homicidio del ex mandatario Eduardo Frei Montalva, fue acogida a trámite por el ministro en Visita (s), Alejandro Solís.

Asimismo, se aceptó la solicitud de la cartera del Interior para conocer en detalle el avance de la indagatoria del caso, que busca probar el envenenamiento al que supuestamente fue sometido el ex líder de la Democracia Cristiana, muerto en 1982.

El anuncio se suma a las nuevas pericias ordenadas por el abogado que lleva la causa, Alejandro Madrid, que buscan ratificar la teoría del homicidio de Frei Montalva, mientras estuvo hospitalizado en la Clínica Santa María.

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