24 de enero de 2014

BEIJING

BEIJINGHistoria


El Beijing moderno se forjó en enero de 1949, cuando el Ejército de Liberación Popular hizo su entrada en la ciudad. El 1 de octubre de aquel año Mao Zedong proclamó la República Popular desde la puerta de la Paz Celestial ante medio millón de personas.
Aunque pueda parecer que ha dominado China desde tiempos inmemoriales, Beijing (Capital del Norte) –situada fuera del núcleo de la civilización china– no emergió como la potencia cultural y política que definirá el destino del país hasta la ocupación mongola, en el s. XIII.

Situada en una enorme llanura que se extiende hacia el sur hasta el lejano río Amarillo (Huáng Hé), no cuenta con la proximidad de un río importante ni del mar. De no ser por su ubicación estratégica en el límite de la llanura del Norte, este no habría sido el lugar ideal para emplazar una gran ciudad, y mucho menos la capital del país.

Los primeros asentamientos documentados datan del 1045 a.C. En siglos posteriores, Beijing fue ocupada por diversas fuerzas extranjeras: los Khitan Liao la designaron su capital auxiliar y, más tarde, los Jurchen Jin la erigieron capital, período en que se levantaron sus murallas, provistas de ocho puertas.

En 1215 el gran ejército del guerrero mongol Gengis Kan arrasó Beijing, lo que paradójicamente marcó la transformación de la ciudad en una poderosa capital nacional, condición que ha ostentado hasta hoy en día, salvo los primeros 53 años de la dinastía Ming y los 21 años de gobierno nacionalista, en el s. XX.

La ciudad se dio en llamar Dadū (Gran Capital), y también fue conocida con el nombre mongol de Khanbalik (Ciudad del Kan). Hacia 1279, bajo el gobierno de Kublai Kan, nieto de Gengis Kan, Dadū era la capital del mayor imperio que ha conocido la historia.

La estructura básica del Beijing actual se trazó durante la dinastía Ming y se considera al emperador Yongle [1403–1424] como el verdadero artífice de la ciudad moderna. Gran parte de las estructuras más majestuosas de Beijing, como la Ciudad Prohibida y el templo del Cielo, datan de su reinado.

Los manchúes, que invadieron China en el s. XVII y fundaron la dinastía Qing, mantuvieron la forma básica de la ciudad.

Los últimos 120 años de la dinastía, Beijing –y toda China– se vio envuelta en luchas de poder e invasiones que la sumieron en el caos. La lista es larga: el ejército anglofrancés que en 1860 arrasó con un incendio el antiguo Palacio de Verano; el régimen corrupto de la emperatriz Dowater Cixi; la catastrófica Rebelión de los Bóxers; el general Yuan Shikai; los señores de la guerra; la ocupación japonesa de 1937; y el Kuomintang. Cada período dejó su huella, aunque la forma y la simetría de Beijing se mantuvieron.

El Beijing moderno se forjó en enero de 1949, cuando el Ejército de Liberación Popular hizo su entrada en la ciudad. El 1 de octubre de aquel año Mao Zedong proclamó la República Popular desde la puerta de la Paz Celestial ante medio millón de personas.

Tal como habían hecho los emperadores antes que ellos, los comunistas modificaron el aspecto de Beijing. Los páilóu (arcos decorativos) fueron derruidos y se pulverizaron manzanas enteras para ensanchar las avenidas principales. Entre 1950 y 1952 se demolieron las magníficas murallas exteriores de la ciudad para facilitar el tráfico, y la llegada de expertos y técnicos soviéticos le dio el toque estalinista.

En el último cuarto de siglo Beijing se ha transformado en una ciudad moderna, con rascacielos, centros comerciales y transitados nudos viarios. En el perfil de la ciudad, antes plano, destacan enormes bloques de pisos y oficinas. Recientemente se ha embellecido: de ser una ciudad monótona y descuidada ha pasado a ser un lugar más verde, limpio y agradable. El 2008 supuso su última puesta de largo. La ciudad invirtió en los Juegos Olímpicos el triple de lo gastado por Atenas en 2004, por lo que se convirtieron en los Juegos más caros de la historia.

Beijing sigue evolucionando al tiempo que se desprende, poco a poco, de sus vínculos con el pasado. Incluso el China Daily, periódico de la vieja escuela, ha señalado que desde 1990 se han demolido en la ciudad 4,43 millones de m2 de viejos patios, equivalentes al 40% de la superficie del casco antiguo. La zona histórica de la torre del Tambor y la torre de la Campana se postuló en el 2010 como firme candidata a una remodelación, pero en el momento de redactar esta guía el proyecto, por suerte, se había archivado.



Fuente: China 4 (mayo del 2011)

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