16 de enero de 2014

A LOS 69 AÑOS DE LA MUERTE DE ADOLF HITLER

A LOS 69 AÑOS DE LA MUERTE DE ADOLF HITLER



Por Eduardo Palomar Baró.

A finales de abril de 1945, Berlín, la capital del Tercer Reich, estaba rodeada por el Ejército Rojo y un constante diluvio de bombas caían sobre la ciudad. Adolfo Hitler se había encerrado en el refugio antiaéreo situado debajo del edificio de la Cancillería.


Los búnkers estaban ubicados en los alrededores de las Cancillerías, que servían de refugio antiaéreo para el personal de los edificios públicos, incluyendo la Cancillería del Reich. El primer búnker se edificó en 1936 en los terrenos detrás de la vieja Cancillería. Una vez se construyó la nueva Cancillería, diseñada por el arquitecto del Reich, Albert Speer, también fue construido el nuevo búnker, en el año 1943. Esta nueva construcción fue hecha más profunda que la antigua, a 15 metros bajo tierra, estando ambas comunicadas por una escalinata. La vieja construcción fue llamada ‘Vorbunker’ y la nueva ‘Bunkerfuhrer’, que es donde Hitler pasó sus últimas semanas de vida.

El ‘Bunkerfuhrer’ fue construido en los jardines de la nueva Cancillería ubicada en el 77 de Wilhelmstrasse, a un paso del Tiergarten (parque que ocupa el centro de Berlín, y que en sus primeros años era un territorio de caza, para pasar más tarde a ser una zona verde para uso y disfrute de los berlineses. Es el segundo parque más grande de la ciudad después del Grünewald). En este lugar se encontraban la mayoría de los edificios del gobierno. Existían numerosos pasajes subterráneos y varios búnkers más pequeños en los alrededores de esta demarcación.

En la planta baja del ‘Bunkerfuhrer’ estaban las habitaciones de Hitler y Eva Braun, las oficinas de Goebbels y de Bormann, sala de conferencias, central de comunicaciones, enfermería y consultorio médico, así como la sala de máquinas y el cuerpo de guardia. La escalera inferior se comunicaba con la planta alta. Las paredes eran de 2,5 metros de ancho y con un techo de 3 metros de cemento armado.

En la planta alta estaban los servicios y las habitaciones de la familia de Goebbels, cocinas y almacenes.

El bunker tenía un corredor con escalinatas que conducía al Ministerio de Asuntos Exteriores

Al finalizar la guerra, los rusos demolieron la Cancillería y otros edificios aledaños, por lo que en la actualidad resulta difícil encontrar el sitio exacto donde se hallaba la entrada al ‘Bunkerfuhrer’. Si los soviéticos no hubieran sido tan vengativos, toda esa área, que era muy hermosa durante los años 30, la podrían haber convertido en una zona turística, donde millones de visitantes hubieran podido ver la magnificencia de esos edificios, con lo que el Kremlin, a través de la Alemania del Este, hubiera recibido millones de dólares por concepto de turismo. Durante los años de la guerra fría, los jardines del Tiergarten fueron completamente abandonados.

A corta distancia se encontraba el famoso ‘Checkpoint Charlie’, en el tristemente recordado Muro de Berlín (el muro de la vergüenza) que separaba Berlín Oriental del Berlín Occidental.

Hitler se niega salir del búnker

El general Alfred Jold, el mariscal de campo Wihelm Keitel y Martín Bormann le dijeron a Hitler que se fuera al sur, donde había unidades intactas, pero él se negó. A altas horas de la noche del día 22 y en la madrugada del 23 de abril, Hitler tomó diversas decisiones: repartir el mando, a la vista de que en pocos días el territorio de Alemania sería dividido, de la siguiente manera: en la mitad septentrional el gran almirante Doenitz, en la mitad meridional el mariscal Kesserling. Enviar a sus más íntimos consejeros militares, Keitel y Jold a poner en acción las órdenes de ataque que el teniente general de las SS, Felix Steiner y el general Walther Wenck, habían recibido. Despojar a Hermann Goering de todos sus títulos y cargos -que se encontraba en Berchtesgaden sin mostrar ninguna preocupación ante la grave situación- nombrando al general Ritter von Greim como nuevo comandante en jefe de la Luftwaffe, al tiempo que lo ascendía a Mariscal. Como colofón, Hitler nombró de improviso como comandante de Berlín al general de Artillería Helmuth Weidling, jefe del 56º Panzerkorps, a quien había citado en el búnker para comunicarle su sentencia de muerte por cobardía. El 56º Panzerkorps de Weidling se replegó a la ciudad y comenzó con terrible dureza lo que el general Gotthardt Heinrici y otros habían esperado evitar: la lucha casa por casa en la capital Berlín.

Lucha calle por calle en un Berlín en ruinas



Las ruinas de las casas bombardeadas favorecían a los defensores. La avanzada soviética, que atacaba con sorprendente efectividad y rapidez por todos los lados de la periferia, se componía esencialmente de carros de combate y éstos no valían para la lucha callejera, ya que los carros tenían su punto ciego en la parte superior y desde los huecos de las ventanas se les combatía con facilidad. Los rusos peleaban calle por calle, lo que les supuso numerosas bajas. Sin embargo resultaba imposible frenarles, por su superioridad en material y hombres, a lo que se unía la deficiencia en armas y municiones de los defensores.

El cerco de la ciudad se iba estrechando cada día más y más. El 24 de abril se oía el fragor de la lucha callejera en Zehlendorf, Tempelhof y Neukölln. El 25, los rusos barrían el interior de la ciudad con fuego graneado y ya se preparaban para ocupar el centro. Rusos blancos, mongoles y siberianos asaltaban las casas, matando a todo aquel que se oponía al robo o a las violaciones. Muchos hartos ya de violar y robar disparaban a todo lo que se movía.

Últimas noticias



El 29 de abril de 1945, el estado mayor de la zona norte comunicó que en el centro de Berlín tenía lugar una lucha encarnizada. Solamente quedaba en poder de los alemanes la zona de los edificios del gobierno, el Tiergarten, una estrecha franja que iba de la estación Zoo en dirección oeste hasta el Havel, así como algunas pequeñas bases. Hitler hizo llamar al jefe de brigada de las SS, Wilhelm Mohnke, que había sido nombrado por el Führer como jefe de operaciones de la ‘ciudadela’ (cancillería y zona de los edificios del gobierno), el último cinturón de defensa de Berlín, para que le proporcionase información sobre la última posición de la línea del frente.


Mohnke con un plano del casco interior de Berlín, expuso la situación: «Por el norte, el ruso está muy cerca del puente de Weisendamm. Por el este, en el Lustgarten. Por el sur, en la Postdamer Platz y junto al Ministerio del Aire. Por el oeste en el Tiergarten, a trescientos o cuatrocientos metros de la cancillería». Tras estas pesimistas explicaciones, Hitler le preguntó cuanto tiempo podría seguir resistiendo. Mohnke le contestó escuetamente: «Un máximo de veinte o veinticinco horas, ‘mein’ Führer, más no».

Hitler escribe sus últimas voluntades     

Durante la noche del 28 al 29 de abril de 1945, Adolf Hitler escribió sus últimas voluntades y elaboró un testamento político mediante el que nombraba sucesor en el gobierno del Estado y de la Wehmacht al gran almirante Karl Doenitz, encomendándole la misión de continuar el combate, más allá de su muerte, hasta el hundimiento total. Como albacea testamentario y ministro del partido nombró a Martín Bormann y como canciller del nuevo gobierno a Joseph Goebbels. Para ello expulsaba a Göring y a Himmler del partido y de todas sus funciones, por haberle traicionado.

Hitler se entera del asesinato de Mussolini



Llegó al búnker la noticia del ignominioso asesinato de Benito Mussolini y de los ultrajes a que su cadáver y el de su amante Clara Petacci fueron sometidos al ser capturados por unos guerrilleros comunistas en el norte de Italia. Sus maltrechos cuerpos fueron colgados por los pies y expuestos a la vergüenza pública en una gasolinera de la Piazzale Loreto de Milán, donde una masa vociferante los apaleó, escupió y les arrojó piedras. El relato conmovió profundamente a Hitler.

El casamiento



Entre las trece y las quince horas, Hitler se casó con Eva Braun, en una ceremonia llevada a cabo en la sala de mapas. El oficiante del rito civil fue un jefe de negociado que había trabajado en la oficina de Goebbels y, que prestaba servicio en una unidad del Volkssturm cercana a la Cancillería, Walter Wagner, y que lo hizo venir Goebbels en un vehículo blindado al búnker. Conforme a la ley, Wagner preguntó a Hitler si era de origen ario, respondiendo afirmativamente el Führer. Lo mismo hizo con Eva Braun. Se intercambiaron los ‘sí’, se firmó el registro y la desposada comenzó a escribir Eva B..., pero corrigió la B y estampó: Eva Hitler, nacida Braun. Actuaron como testigos Bormann y Goebbels.

A continuación Hitler dictó su testamento político y su testamento personal, a una de sus secretarias.


En el testamento personal explicaba su determinación de «casarme con la joven que tras largos años de fiel amistad había entrado por propia voluntad en la ya casi sitiada ciudad para compartir su destino con el mío». El documento terminaba así: «Mi esposa y yo optamos por la muerte para escapar al oprobio de la destitución o de la capitulación. Es nuestra voluntad que se nos incinere inmediatamente en el lugar en el que he llevado a cabo la mayor parte de mi trabajo diario en el transcurso de doce años de servicio a mi pueblo». 

Posteriormente se organizó una pequeña recepción en honor de los recién casados.

El oficial de ordenanza Heinz Linge, un gigante de metro noventa con un peso de 120 kilos, y que era el depositario de toda la confianza de Hitler, descubrió unos saquitos de té, bebida preferida del Führer. En la sala de los mapas tuvo lugar la reunión en la que los esposados brindaron con champán junto a Bormann, Goebbels y su mujer Magda, Arthur Axmann, jefe de la Juventud Hitleriana, las dos secretarias, los generales Krebs, Burgdorf, Von Below, Heinz Linge y su cocinera.

Preparando la incineración

A las dos y media del mediodía del 30 de abril, Hitler llamó a su ayudante de campo y capitán de las SS, Otto Günsche, para darle instrucciones acerca de lo que había que hacer con su cadáver y el de su esposa, y que era el de incinerarlos, ya que según manifestó, «después de mi muerte, no quiero que me exhiban en ningún “Panoptikum” ruso (museo de cera)». Y es que bajo ningún concepto había afirmado, quería «caer en manos de los aborrecidos enemigos que necesitan un nuevo espectáculo, escenificado por judíos, para divertir a las masas exaltadas».

Una vez que la voluntad de Hitler había sido claramente expresada, Günsche hizo saber a Bormann que tenía la misión de preparar la incineración de ambos cuerpos para lo cual tenía que reunir una gran cantidad de nafta. Telefoneó a Erich Kempka, chofer del Führer y jefe del servicio automotor de la Chancillería, el cual le contestó que no le quedaba ni una gota de gasolina y que tendría que ir a desenterrarla de las reservas escondidas en el Zoológico. Como era muy arriesgado el salir, debido al atroz bombardeo a que estaba sometido Berlín, a Kempka se le ocurrió retirar los litros que quedaban en los depósitos de los vehículos dañados en las proximidades de la Cancillería, cuya operación le llevó mucho tiempo y con gran dificultad consiguió reunir 180 litros. Cuando llegó al búnker, se enteró de que el Jefe (así lo llamaban a Hitler sus empleados de servicio, secretarios y ayudantes de campo) se había suicidado.

El último almuerzo. Despedida

El almuerzo lo hizo acompañado de su dietista, Constanze Manziarly, y sus secretarias Gertraud ‘Traudel’ Junge y Gerda Christian. No asistió Eva Hitler, ya que había perdido el apetito y prefirió volver a sus habitaciones. Después de la comida, que fue muy frugal, rápida y silenciosa, se reunió con su esposa en el dormitorio de ella. En el pasillo de la anticámara hizo su aparición Günsche junto al círculo más íntimo: Goebbels, Bormann, Krebs, Burgdorf, el vicealmirante Hans-Eric Voss, el jefe de la guardia personal de Hitler, Hans Rattenhuber, el diplomático Walter Hewel, el piloto Baur, el chófer Kempka, las dos secretarias que le habían hecho compañía en el almuerzo y Fräulein Krüger, secretaria de Bormann. Entonces salieron de su estancia, estrechando la mano a todos, despidiéndose de ellos, en tanto que Eva hacía lo propio y abrazaba a las mujeres, mientras los hombres le besaban la mano.

El suicidio y la incineración

Hitler y Eva regresaron a sus habitaciones. Todos se retiraron a excepción de Günsche y Linge que se situaron enfrente de la puerta, siguiendo órdenes de Hitler para velar la entrada hasta después de su muerte.

Lo que ocurrió después no se ha podido averiguar de manera cierta. Según algunos testigos contaron que oyeron un único disparo hacia las tres y media de la tarde. Una de las versiones dadas es que Hitler empuñó una pistola ‘Walther’ de 7,65 mm. y que se encontraba en la antecámara de sus habitaciones con Eva. Pero ésta ya estaba muerta, tendida sobre un sofá y con un leve rictus de dolor en el rostro: había ingerido una cápsula de cianuro potásico. Hitler se sentó en el sofá frente al cuadro de Federico el Grande de Anton Graff. Tenía la cabeza apoyada contra el respaldo y la boca torcida. En la sien derecha se apreciaba un negro boquete del que todavía manaba sangre. En la mano izquierda, sobre el corazón, oprimía el retrato de su madre. La mano derecha pendía inerte, después de haber dejado caer al suelo la pistola.

Al oír el disparo, entró en la sala de estar del Führer su ayuda de cámara, Heinz Linge, seguido de Günsche, Goebbels, Bormann y Axmann, que estaban esperando acontecimientos en la sala de los mapas. Vieron a los dos cuerpos postrados. Günsche llamó al doctor Ludwig Stumpfegger, el cual previo examen de los cuerpos certificó su muerte.

Linge y el médico del Führer, Stumpfegger, sacaron el cadáver de Hitler en- vuelto en una manta. Bormann les seguía llevando a Eva Braun en sus brazos. Los dos cadáveres fueron depositados en un hueco producido por un obús en el jardín. El chófer personal de Hitler, Erich Kempka y Günsche colocaron el cuerpo de Eva a la derecha de Hitler. El bombardeo de artillería aumentaba considerablemente, por lo que ambos optaron por ocultarse en la entrada del búnker. Luego y tras varias tentativas, con las latas de gasolina rociaron los dos cuerpos. Cogieron un trozo de papel impregnado en gasolina, lanzándolo sobre los cadáveres, que ardieron enseguida, despidiendo enormes llamaradas de más de dos metros de altura.

Goebbels, Bormann, Stumpfegger, Günsche, Linge y Kempka, hicieron el ultimo saludo nazi  a los despojos chirriantes que el fuego devoraba por los cuatro costados. Para Günsche, ése sería “el momento más espantoso de su vida”

Doenitz recibe la confirmación oficial de la muerte de Hitler

Cuando la noche del 30 de abril de 1945 el almirante Doenitz, comandante en jefe de la Kriegsmarine y jefe militar de la Zona Norte del Reich, volvió a su Cuartel General después de una entrevista con el jefe de las SS Heinrich Himmler en Lübeck, recibió un mensaje que había llegado de Berlín a las 18:45 horas. Martín Bormann, Jefe de la Cancillería del Partido, comunicaba desde el búnker del Führer, que Hitler había nombrado a Doenitz como su sucesor, en lugar del Mariscal Göring. El almirante recibía de esa forma, toda la responsabilidad sobre el destino de Alemania, pero era consciente que sólo podía significar acabar con la guerra que desde hacía mucho tiempo estaba perdida. Aquella misma noche, Doenitz se vuelve a entrevistar con Himmler en Plön.

Heinrich Himmler era todavía nominalmente el jefe de toda la policía alemana, Comandante Supremo de las SS, Ministro del Interior del Reich y Comandante en Jefe del Ejército de Reserva. Cuando se le comunica que el sucesor de Hitler era Doenitz, le pide ser el segundo hombre de su Gobierno, a lo que Doenitz rechaza categóricamente dicha propuesta.

En la madrugada del 1 de mayo de 1945, Doenitz pensando que Hitler aún vivía, organizó una manifestación de fidelidad al Führer. Probablemente, con esa incomprensible actuación en aquellos patéticos momentos, quería demostrar que había unanimidad entre los miembros del Gobierno, especialmente ante las medidas que se habían de tomar, que no eran otras que preparar las negociaciones para la capitulación.

Lo cierto es que en aquellos momentos, ni Doenitz ni nadie en Plön sabían que Hitler se había suicidado y que los soviéticos se encontraban en las cercanías del búnker y que todo estaba perdido.

El 1 de mayo recibió desde Berlín dos radiogramas de Bormann que anunciaban, el primero, que el testamento de Hitler estaba en vigencia y que había designado Presidente del Reich al  Gran Almirante Doenitz y como nuevo Canciller del Reich al Ministro de Propaganda Dr. Goebbels.

En el segundo radiograma, Bormann anunciaba lacónicamente que el Führer había fallecido el 30 de abril.

En Plön nadie sabía que Goebbels y su familia también se habían suicidado, ni que el 2 de mayo el General Weidling, último comandante de Berlín, se rendía con el resto de sus tropas y que esa misma tarde la bandera roja con la hoz y el martillo ondeaba en lo alto del Reichtag.

Radio Hamburgo anuncia la muerte de Hitler

A las 21:30 del 1 de mayo de 1945, Radio Hamburgo interrumpió su programa para dar “una grave e importante noticia”. Tras escuchar unos trozos de ópera de Wagner y a los lentos acordes de la Séptima Sinfonía de Bruckner, una sonora voz anunció: “Nuestro Führer, Adolf Hitler, luchando hasta el último aliento contra el bolchevismo, cayó por Alemania esta tarde (fue la tarde anterior), en su cuartel general de la Cancillería del Reich. El 30 de abril (el testamento estaba fechado el día 29) el Führer designó al gran almirante Doenitz para ocupar su lugar. El gran almirante y sucesor del Führer va a hablar a continuación al pueblo alemán”.

Doenitz anunció oficialmente la noticia de la muerte del Fúhrer, que dio la vuelta al mundo como reguero de pólvora. Dijo que Hitler había caído “a la cabeza de sus tropas”, y que la tarea que a él, Doenitz, le incumbía, era la de “salvar a los alemanes de la destrucción que implicaba el avance del enemigo bolchevique”.  

De todas formas fueron pocos los berlineses que oyeron la noticia a causa de los cortes de corriente eléctrica.

La noticia de la muerte de Hitler en los periódicos españoles



El miércoles 2 de mayo de 1945, en las primeras páginas de los periódicos españoles figuraba la noticia del fallecimiento del Führer. Así en “YA” se podía leer: “Hitler murió ayer en la Cancillería de Berlín. El día anterior había nombrado al gran almirante Doenitz su sucesor. ‘Mi primera misión -dijo en su proclamación- es salvar a Alemania de ser aniquilada por el comunismo”.

El diario “ABC” en su número 12.223, daba la noticia de la siguiente forma: “Adolfo Hitler murió ayer tarde en la Cancillería de Berlín, luchando hasta el último momento contra las fuerzas comunistas. Su sucesor, el gran almirante Doenitz, anuncia que la lucha continua”.

En “Informaciones”, que dirigía Víctor de la Serna, difundía la noticia así: “Cara al enemigo bolchevique, en el puesto de honor, Adolfo Hitler muere defendiendo la Cancillería. El almirante Doenitz, nuevo Führer de Alemania”.

El periódico “La Vanguardia Española”, del miércoles 2 de mayo de 1945, número 24.542, precio del ejemplar 25 céntimos, en la portada en la mitad inferior, con grandes caracteres se leía: “Adolfo Hitler ha muerto en Berlín”. “Cayó en la Cancillería del Reich, luchando hasta el último momento”. “El almirante Doenitz le sucede en su puesto”. “Una proclama del nuevo Canciller al pueblo y Ejército alemanes”.

“La primera noticia”. Londres 1 (Urgente)- Hitler ha muerto. Según anuncia la Radio alemana. Agrega que en el cargo de Führer del Reich le substituye el almirante Doenitz. – EFE”. “Luchando hasta el último aliento contra el bolcheviquismo y por Alemania”. “Se informa del Cuartel General del Führer que nuestro Führer, Adolfo Hitler, ha caído esta tarde en su puesto de mando de la Cancillería del Reich, luchando hasta el último aliento contra el bolcheviquismo y por Alemania”. Con estas palabras anunció la radio de Hamburgo la muerte de Hitler. “El 29 de abril -agregó la Radio alemana-  el Führer nombró al gran almirante Doenitz su sucesor. El nuevo Führer va a hablar al pueblo alemán”

Alocución del sucesor del Führer. “El pueblo alemán se inclina reverentemente ante Adolf Hitler” – “Mi primera misión es salvar al pueblo alemán de ser aniquilado, adelantándonos al enemigo comunista” – “Nuestra lucha militar continúa con este objetivo” – “Conservad el orden más perfecto y la disciplina más estricta en las ciudades y en el campo”.

“Hombres y mujeres alemanes, soldados de las fuerzas alemanas: Nuestro Führer, Adolfo Hitler, ha caído. Con profundo sentimiento, el pueblo alemán se inclina reverentemente ante él. Él se dio perfecta cuenta del peligro terrible hace ya mucho tiempo y dedicó, desde el primer momento, todo su ser a la lucha entablada contra el peligro.

El final de todo ello, de su misma lucha y de su camino nunca quebrado, ha sido su misma muerte heroica en la capital del Reich.

Su vida no fue más que el simple servicio a Alemania. Su acción luchando contra el comunismo fue más allá para defender a Europa y para defender a todo el mundo civilizado. El Führer me ha nombrado sucesor.

Perfectamente consciente de esta responsabilidad me hago cargo de la jefatura del pueblo alemán en estos graves momentos que nos ha fijado el Destino. Mi primera misión es salvar al pueblo alemán de ser aniquilado, adelantándonos al enemigo comunista. Nuestra lucha militar continúa con este objetivo. Como los británicos y norteamericanos nos estorban al conseguir este fin, lucharemos y nos defenderemos también contra ellos. Británicos y norteamericanos continuarán entonces la guerra no en interés de sus propios pueblos, sino que lo único que conseguirán es aumentar la extensión del bolcheviquismo en Europa.

Lo que el pueblo alemán ha conseguido y sufrido en esta guerra es único en la Historia.

En los tiempos venideros, de angustias para nuestro pueblo, haré todo lo que esté a mi alcance para crear unas condiciones de vida soportables para nuestras valientes mujeres, hombres y niños. Para conseguir esto necesito vuestra ayuda. Dadme vuestra confianza, puesto que vuestro camino es también el mío. Conservad el orden más perfecto, la disciplina más estricta en las ciudades y en el campo.

Que cada uno cumpla con su deber y sólo así podremos mitigar los sufrimientos que el futuro nos depare a cada uno y podrá evitarse el derrumbamiento.

Si hacemos todo lo que esté en nuestro poder, Dios no nos abandonará”.

La guerra en Europa, había llegado a su fin.

Adolfo Hitler, a los diez días de haber cumplido 56 años, había dejado de existir...        

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