20 de diciembre de 2013

La invasión estadounidense a Panamá

Invasión
Invasión a Panamá
Inicio: 20 de diciembre 1989
Invasión yanqui a Panamá. Operativo militar realizado en Panamá por el ejército de Estados Unidos de América en el año 1989, que representó una de las mayores infamias de las muchas perpetradas por el imperio en América Latina y el Caribe.

La invasión estadounidense a Panamá, fue uno de los episodios más desgarradores y traumáticos de toda la historia panameña; sólo comparada con los horrores de la conquista hispana, la Guerra de los Mil Días entre los conservadores y liberales a fines e inicios de los siglos XIX y XX y la matanza de estudiantes por policías y soldados estadounidenses acantonados en la zona del Canal de Panamá el 9 de enero de 1964.

La situación del país, fue el preámbulo para que el gobierno de los Estados Unidos montara una estrategia para cambiar de raíz el proceso político del país. Para ello el general Manuel Antonio Noriega le había proporcionado elementos justificadores para una intervención en el territorio panameño.

Poco a poco Noriega se había convertido en un dictador sumamente astuto, gozaba de un arte muy fino para la conspiración; además de acumular una enorme riqueza producto del negocio ilícito de las drogas. De esta forma Noriega, antiguo amigo del gobierno norteamericano y agente de la CIA, cae víctima de sus propias conspiraciones y se hace enemigo número uno del gobierno de Estados Unidos.

El gobierno norteamericano, preparó entonces el camino para derrocar a Noriega y desmantelar a las Fuerzas de Defensa. Para ello contó con el descontento popular y el apoyo de las agrupaciones y partidos políticos oligárquicos y de la alta burguesía. Fueron los grupos económicos dominantes quienes abanderaron las luchas civilistas en contra del régimen de Noriega.

Por sí solos estos grupos no tenían la credibilidad necesaria entre las masas para acabar con Noriega, pero una campaña bien dirigida por los medios de comunicación estadounidenses, la ayuda financiera que recibieron y el sectarismo de los grupos más allegados al régimen hizo que precipitadamente la oposición se fortaleciera y la estructura sólida de las Fuerzas de Defensa poco a poco se fuera resquebrajando.

Las actividades militares estadounidenses se intensificaron. Las constantes violaciones del espacio aéreo panameño no eran anunciadas a las autoridades panameñas, por lo que éstas no podían advertir a los norteamericanos sobre los peligros posibles en relación con la aeronavegación civil.

Los incidentes militares eran deliberadamente provocados, George H. W. Bush (padre), en una conferencia de prensa de mediados de mayo, instó a las Fuerzas de Defensa a destituir a Noriega. Y a mediado del mes de junio fuerzas norteamericanas bloquearon el paso en una carretera de uso conjunto, a más de cien parlamentarios, dirigentes políticos y partidarios latinoamericanos. Para la segunda semana de agosto los incidentes iban en incremento. En esta oportunidad el ejército yanqui detuvo a 29 personas, entre las que se encontraban tres oficiales de las Fuerzas de Defensa, una autoridad civil y cinco periodistas.

Las razones dadas por George H. W. Bush para justificar la invasión fueron, proteger la vida de los ciudadanos norteamericanos que residían en Panamá, defender la democracia y los derechos humanos de los panameños, detener a Noriega para combatir el tráfico de drogas, y defender el tratado Torrijos-Carter sobre el canal.

El preludio

Ya no sólo aumentaban las provocaciones del ejército norteamericano, sino además la oposición civilista aumentaba sus manifestaciones y provocaciones con la inevitable represión militar por parte del régimen. Todo esto exasperaba los ánimos de parte y parte creando un clima de tensión. El fracaso de la asonada militar del 3 de octubre, apoyada sin mayor convicción por Estados Unidos, hacía prever que éste tomaría una decisión a corto plazo.

El 16 de noviembre el general Noriega se hizo nombrar jefe de gobierno, con los poderes

que un día tuvo el general Omar Torrijos. Se esperaba entonces que se desatara una operación comando sobre Noriega y su Estado Mayor que dejara desvertebradas las Fuerzas de Defensa.


El sábado 16 de diciembre un soldado norteamericano muere en un incidente con los miembros de las Fuerzas de Defensa y el día 19 George H. W. Bush declara ominosamente que revisa sus opciones (lo que en Panamá no se hizo público). Un policía panameño ya había sido herido de bala por un teniente del comando sur. La Alerta Delta, la inmediatamente anterior a la que significa combate, es trasmitida por la TV que opera en las bases militares yanquis. Panamá responde con su alerta Cutarra, su homóloga.

La opinión pública norteamericana había sido lo suficiente moldeada para aprobar la invasión. El embajador de Panamá en Washington, había declarado que era el momento de las decisiones; había que actuar. Por su parte el director de la Cruzada Civilista en Miami, y dirigente democristiano, aclaraba que el caso escapaba a la posibilidad de los panameños para pasar a ser de importancia internacional.

En la revisión de sus opciones George H. W. Bush decidió por la más sanguinaria, la que inevitablemente conducía al genocidio: la invasión y ocupación del territorio nacional.

Desarrollo de los hechos

No hubo ninguna declaración de guerra y la acción fue condenada por la Asamblea General de la ONU y por la Organización de Estados Americanos (OEA). La resistencia popular obligó a la prolongación de las operaciones militares, que fueron particularmente sangrientas.

La operación Causa Justa  se inició la madrugada del 20 de diciembre de 1989, y tuvo como preámbulo un bombardeo masivo que implicó el lanzamiento de 417 bombas en el plazo de horas, según el control sismológico de la Universidad de Panamá. Hubo bombas de 1000 y 2000 libras, por lo cual se logró detectar como una especie de temblor de tierra con un grado de intensidad de 5 en la escala Ritchter.

La aguja del sismógrafo del instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá, registró la explosión de la primera bomba a las 12 horas, 46 minutos y 40,3 segundos. Cuatro minutos después, las explosiones registradas ascendían a 68.

Trece horas estuvo funcionando el sismógrafo desde el inicio de la agresión hasta que, debido a la violencia de ésta, se hubo averiado. En todo ese tiempo, sólo en la capital panameña, llegaron a caer 422 bombas, lo que equivale a una por cada dos minutos.

Esta ofensiva comprendió el ataque de 27 objetivos al mismo tiempo en el país, incluyendo la base militar de Rio Hato a 75 kilómetros de la capital y a Colón, a una hora de distancia en bus de la ciudad de Panamá. El objetivo no era otro que el de anular la posible respuesta del ejército panameño; luego llegaría la invasión por parte de unos 26,000 soldados de infantería.

El bombardeo destruiría aeropuertos y bases militares como el Aeropuerto de Punta Paitilla, el Cuartel Central, en el barrio de El Chorrillo, el Cuartel de Tinajitas, el Cuartel de Panamá Viejo, el Cuartel de Los Pumas, la base militar de Río Hato (donde funcionaba el Instituto Militar Tomás Herrera, que no era en realidad una escuela de formación castrense) o la Base Naval de Coco Solo. El gobierno norteamericano utilizó un armamento de última generación, como los aviones Stealth F-117 o los helicópteros Apache, contra un ejército muy poco equipado. A pesar de la alta tecnología del armamento norteamericano, se produjeron numerosas muertes civiles al ser alcanzados muchos edificios no militares. La maniobra duró pocos días ante la superioridad del ejército ocupante y la poca resistencia encontrada.

El barrio trabajador de San Miguelito, opuso tenaz resistencia al ocupante desde el inicio de la invasión, en otros puntos de la capital y el país los focos populares causaron bajas a los intervencionistas, que habían sido persuadidos por sus jefes de que sería un episodio de puro trámite donde los pobladores los recibirían con banderitas y flores. El asedio a las embajadas y organismos internacionales acreditados fue intenso para evitar que seguidores del gobierno depuesto o simplemente el pueblo recibieran refugio. Las sedes de Cuba, Nicaragua, Perú y Venezuela, entre otras, fueron hostigadas, colocados los famosos check point, que intentaban violar las más elementales normas del derecho internacional, que protegían a los funcionarios diplomáticos y sus familiares.

La aprensión de Noriega, que era la causa de la invasión, no se cumplió, pero se logró el objetivo de destruir los cuarteles más importantes, reduciéndolos a cenizas con saña desproporcionada y sin precedentes. Este era el objetivo político – militar fundamental, eliminar totalmente el ejército panameño que se haría cargo de la vigilancia del canal, a partir del año 2000, ya que hasta el momento lo hacía parcialmente, en conjunto con las fuerzas armadas norteamericanas.

Noriega logró escapar y buscó asilo en la Nunciatura Apostólica; posteriormente se entregaría a las fuerzas de ocupación, siendo llevado a Estados Unidos y condenado a 40 años de prisión. En su lugar Guillermo Endara (ganador de las elecciones anuladas de mayo 1989) prestó juramento en una base militar estadounidense en la zona del canal como presidente en un país con presencia temporal de tropas de ocupación.

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