1 de diciembre de 2013

Guerra Chiquita

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La Guerra Chiquita: Otra fehaciente muestra de decisión de lucha

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Guerra Chiquita


Guantánamo.- Basado en la extraordinaria experiencia que acumuló en la gesta de 1868, Máximo Gómez le escribió a Antonio Maceo y definió certeramente los errores iniciales: “toda empresa grande necesita tiempo para ser segura“.

El Generalísimo expresó varias veces que no consideraba propicio emprender la lucha nuevamente, cuando el país se encontraba en una etapa de reconstrucción y los insurrectos no habían suprimido sus rencillas anteriores.

Se refirió así a la Guerra Chiquita, la nueva etapa liberadora del pueblo cubano, iniciada el 24 de agosto de 1879 con el alzamiento del brigadier Belisario Grave de Peralta, secundado por el teniente coronel Cornelio Rojas y los comandantes Remigio Almaguer y Luis Hechavarría, junto a unos 200 hombres, en el lugar conocido por San Lorenzo, cerca del río La Rioja, en Holguín.

La frustración sufrida por las fuerzas revolucionarias en la Guerra de los Diez Años, concluida sin la ansiada independencia con el Pacto del Zanjón, fue el motor impulsor. En el propio marzo glorioso de 1878 en el que el Titán de Bronce salvó con la Protesta de Baraguá la honra de la Patria, se inició en Nueva York y por iniciativa de Manuel de la Cruz Beraza, el trabajo organizativo para llevar nuevamente la lucha armada a la Isla.

La constitución para tal fin de un Comité Revolucionario de la Emigración Cubana evolucionaría paulatinamente hacia otro que incluyó a los patriotas de Cuba, bajo la dirección del mayor general Calixto García.

A pesar de sus logros organizativos y los intentos por crear un movimiento de carácter nacional, bajo un mando militar único, el Comité no pudo vencer las causas que dieron fin a la Guerra Grande, es decir, el regionalismo y la oposición entre los llamados “militares” y “civiles”, además del surgimiento de divisiones de índole racial.

Esas razones imposibilitaron contar con un liderazgo político y militar sólido que condensara los esfuerzos de los patriotas en Cuba y el apoyo de los exiliados. Resultó también adversa la efectividad de las acciones políticas y militares de las autoridades coloniales, al punto que importantes conspiradores como Flor Crombet, Pedro Martínez Freyre, Mayía Rodríguez y Pablo Beola a principios de 1879 fueron apresados y deportados.

En Guantánamo, el coronel Silverio del Prado, por encargo de Guillermón Moncada, captó para la causa rebelde a Pedro Agustín Pérez, quien luego sería el más importante jefe mambí en el Alto Oriente cubano, antes de que la delación de Santos Pérez y la detención pusieran fin a su labor de organización de la gesta por comenzar.


Fue así que los revolucionarios, obligados por los acontecimientos, precipitaron los alzamientos, fundamentalmente en la zona oriental. Al de La Rioja siguió, el 26 de agosto de 1879, el que fue el levantamiento principal, el protagonizado en Santiago de Cuba por el general Moncada y los coroneles José Maceo y Quintín Bandera; el teniente coronel Rafael Maceo y unos 400 combatientes. 


Después sucedieron sublevaciones en Holguín, Las Tunas, Alcalá, Baracoa, Bayamo, Jiguaní, Baire, Remedios, Sancti Spíritus, Arroyo Blanco, Ciénaga de Zapata y Sagua. En el occidente, son detenidos José Martí y Juan Gualberto Gómez, entre otros patriotas, lo que frustró el alzamiento en Güines. Según el autor español Gonzalo Reparaz, durante la Guerra Chiquita “salieron al campo ocho mil 243 personas, de las cuales mil 900 eran mujeres y niños”, lo que niega la aludida fatiga del pueblo cubano como causa del Pacto del Zanjón. 


Pero lamentablemente Antonio Maceo no llegó a incorporarse a la lucha en Cuba, por la eficaz propaganda colonialista acerca de que el levantamiento era una “guerra de razas”. La expedición que debió liderar el Titán de Bronce, por decisión de Calixto García, desembarcó el 28 de septiembre comandada por brigadier Gregorio Benítez, pero no cumplió los objetivos que tenía encomendados.


Mejor suerte no corrió la expedición que encabezó el propio García, el 7 de mayo de 1880. Después de combatir contra los españoles, sufrir grandes bajas, no poder hacer contacto con los demás jefes alzados y confrontar serias dificultades de abastecimiento, se rindió el 3 de agosto del propio año y fue conducido prisionero a La Habana y posteriormente a España.


En Guantánamo, Pedro Agustín Pérez, cumpliendo la palabra empeñada con Guillermón y Silverio del Prado, se alzó con los 114 de la guerrilla de Palma San Juan, del que era alcalde de barrio, y atacó a las fuerzas colonialistas en Burenes y El Vínculo. Pero en diciembre de 1879, es hecho prisionero tras un ataque al campamento donde se encontraba, y es enviado a Santiago de Cuba, de donde se escapa espectacularmente del castillo del Morro, a través de un pararrayos cercano a su celda, atravesando a nado la bahía. 


Contacta con Moncada y, ascendido a Comandante, se mantiene alzado en las montanas. A su vez el coloso santiaguero sostiene varias acciones en la región de Guantánamo. Las carencias y la falta de apoyo del exterior, sumadas a las precarias condiciones y a la falta de unidad y organización, hicieron que la Guerra Chiquita no prosperara en su propósito.


Por su parte el Partido Autonomista declaró desde el propio 1879 su oposición a la lucha armada. Además desarrollo una campaña difamatoria, en la cual acusó al movimiento de ser sólo una revuelta de negros contra blancos, y amenazó con que la contienda abocaría a Cuba a una revuelta racial comparable a la de Haití.


Los factores adversos condujeron a la deposición de las armas en los diferentes territorios alzados. En la localidad de Confluente, cercana a la villa de Guantánamo, el 29 de mayo de 1880, se firmó un pacto mediante el cual capitularon el mayor general Guillermón Moncada y el brigadier José Maceo. Pero la Guerra Chiquita finalizó sólo el 3 de diciembre de ese año, cuando el coronel Emilio Núñez depuso las armas, luego de varios meses en combate.


En realidad la gesta fue otra fehaciente muestra de la disposición del pueblo cubano por su independencia, y si de momento no triunfó, sí sentó bases y preparó las condiciones para iniciar la contienda de 1895.


Importante es señalar que marcó la iniciación de José Martí como dirigente revolucionario y le proporcionó la experiencia necesaria. Así entró en contacto con las masas populares del exilio, su futura base social para una nueva revolución, que dio continuidad al ideal independentista que llevó a la lucha, a diversas generaciones de cubanos.

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