6 de noviembre de 2013

LA HISTORIA DE LA SALSA EN EL CALLAO



RAICES LATINAS
LA HISTORIA DE LA SALSA EN EL CALLAO

Un artículo de Juan Luis 


La Salsa, una travesía de Nueva York al Callao

La salsa llegó al Callao hace más de cincuenta años. Lucho Rospigliosi Carranza, a través de su local "El Sabroso" en la calle Constitución, fue quien le forjó esa fama salsera internacional que tiene el primer puerto. Su historia completa aún está por escribirse, y lo que sigue es apenas un tributo a este gran “Patriarca”, fundador, administrador y director musical. 


Lucho Rospigliosi Carranza
Lucho Rospigliosi Carranza

Él siempre nos esperaba en un rincón especial de su casa. Allí lo encontrábamos con todo lo que un melómano puede soñar. Paredes decoradas con su colección de discos, un equipo de sonido impresionante y una tentadora barra a la que, por obvias razones, sólo nos conformaremos con comentar.

Hablaba con una envidiable chispa chalaca. Los recuerdos de la época gloriosa del “El Sabroso” a ratos lo ponen nostálgico. Nosotros fuimos los primeros en difundir los discos que fueron la transición del mambo a la salsa (esta última todavía no llevaba ese nombre)

Las canciones de Mon Rivera, Machito, Tito Puente, Tito Rodríguez o loe Cuba las pedían todo el tiempo, nos decía. Eran fines de los cincuenta y los discos se escuchaban en pick up. Sin embargo, el sonido se podía mejorar. Don Lucho decide comprar una vitrola. Eso le daría mayor fidelidad y acústica. "Mi música se oía en todo el barrio de la calle Constitución. Lo que hasta ahora me sorprende es que los vecinos nunca se quejaron. Al contrario, enviaban a sus hijos a pedir tal o cual canción. Debe haber sido por la idiosincrasia tan musical que tiene el chalaco".

"El Sabroso" se convirtió en el lugar más concurrido. Obreros, marineros y gente de toda condición social recalaban en sus instalaciones atraídos por la novedad musical afro latina, que además era acompañada con un buen cebiche y las cervezas de rigor. Panameños, venezolanos, colombianos y puertorriqueños también lo hicieron su preferido. Incluso, recuerda don Lucho, muchos militares extranjeros iban uniformados, le pedían el baño y luego aparecían cambiados.

"La gente esperaba desde temprano, pues la mayoría trabajaban en los muelles. Si me demoraba se iban a la tienda de un japonés ubicada enfrente y, cuando me veían que abría, se cruzaban a mi local. Era una cosa impresionante".

Pa' Bravo, yo

En cuestión de baile sí había que tener cuidado. Rospigliosi señalaba que cuando la fama de "El Sabroso" llegó a otros barrios de Lima, empezaron a concurrir bailarines de La Victoria y Barrios Altos. "Existía mucho respeto por la gente del puerto. Los líos se arreglaban a puño limpio. Además, cuando una reunión no terminaba con bronca parecía que faltaba algo".

A fines de los sesenta e inicios de los setenta cuando el nombre de "salsa" empieza a comercializarse, el Callao ya la había adoptado como suya.

Los exitosos discos de Fania Records ocuparían un lugar especial en la vitrola de don Lucho. Jhonny Pacheco, Ray Barretto, Ismael Quintana, Héctor Lavoe y Cheo Feliciano eran los invitados cotidianos del local. La magia del disco rompía las fronteras y, por unas horas, el Callao parecía convertirse en sucursal de las calles más duras de Nueva York.

Rospigliosi tuvo que ampliar el local. "Improviso un altillo pero por poco tiempo, pues casi todas las noches, producto de las grescas, un cliente era arrojado al primer piso", agregaba sonriendo.

La historia sigue. Don Lucho, a través de sus palabras, parece resucitarnos a su mítico restaurante. No hay un fondo musical pero nuestra imaginación busca refugio en los trombones de Barry Rogers o Willie Colón.
A estas alturas, Rospigliosi, el patriarca de la salsa, nos hablaba de su amistad con los bravos del ritmo caliente. Nos cuenta la ocasión en que viajó a Nueva York y departió con los músicos de La Sonora Matancera, Graciela Grillo, Mario Bauzá, Mon Rivera y Vicentico Valdés. "Era joven como tú, mi fanatismo estaba en todo su esplendor y conocer a esa gente fue lo máximo. Esas satisfacciones y mi familia han hecho muy feliz mi vida".

Pero, como dice Héctor Lavoe, todo tiene su final y nada dura para siempre. El Sabroso, luego de haber transitado por varios locales del Callao, cerró sus puertas. "Nada puede ser como ayer y la historia no la podrán cambiar. Siento orgullo que mi local haya sido el primero en traer la salsa al Perú y a mi querido Callao".


Lavoe es como el Boys


Lavoe es como el Boys


El mismo significado que posee el Sport Boys lo tiene Lavoe. Con su muerte el Callao se vistió de luto. Era bastante querido. Sin duda, esta fue su segunda patria. Recordó que la fecha de su deceso él estaba en Nueva York. Jamás había visto tanta gente acompañando un féretro. Luego se enteró que aquí también la gente habla salido a las calles y lo recordaba a través de sus canciones. Por eso, el "Flaco de Oro" siempre permanecerá en el recuerdo de los chalacos...

Lucho Rospiliosi siempre estará en nuestro corazon salsero, como decía esa gran grito de batalla que ha dado la vuelta al mundo...Chimpum Callao !!


"El Sabroso"


El Sabroso, que abrió sus puertas allá por los años 50 en la calle Constitución 700, nació como restaurante y luego se convirtió en epicentro del ritmo fuerte de la mano de Rospigliosi. Los discos de Rolando La Serie o Eddie Palmieri sonaron mucho antes que en la programación de radiofonía local. Así, mientras Lima solo bailaba con la Sonora Matancera o por ahí Dámaso Pérez Prado, en el Callao ya se oían otros estilos musicales, siempre venidos del trópico caribeño. Motivo suficiente, además, para que los chalacos empezaran a levantar con orgullo el estandarte de la salsa como parte de su folclor urbano. 

De ahí el respeto al trabajo de hormiga que hizo Rospigliosi entre mediados de los años 50 y toda la década del 60. En sus palabras: “Los años 60 fueron los mejores tiempos de El Sabroso”

La fama de su bar cruzó las fronteras chalacas y empezó a llegar gente de otros distritos de Lima. El cubano Rolando La Serie, intérprete del clásico “Hola, Soledad”, adoraba las parihuelas del restaurante de Rospigliosi. Marcos Calderón, el recordado entrenador de fútbol, era hincha de Daniel Santos y cada vez que llegaba solía pedir el “Tíbiri tábara”. Ni qué decir del boxeador Mauro Mina, quien siempre llegaba para adquirir sus discos en la tienda que el mismo Lucho había montado al lado de su bar. Es decir, cerró el círculo del negocio: bar, tienda de discos y luego hasta promotor de espectáculos. Incluso, luego abriría una peña en la que cantaría Jesús Vásquez y una jovencita Lucía de la Cruz. 

Con los años, El Sabroso fue perdiendo terreno. Las presentaciones de orquestas en vivo, como la del famoso Betto Villena en otras zonas de la capital, se encargarían de secundar el trabajo que había iniciado Lucho en el Callao. Los Mundialistas plantaron bandera entre Barrios Altos y el Centro de Lima; La Habana haría lo mismo en Piñonate y, en los años 80, asistimos al ‘boom’ de los salsódromos con máquinas del sabor incluidas. 

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