23 de noviembre de 2013

'Kennedy no fue un presidente progresista'



ENTREVISTA Larry Sabato

'Kennedy no fue un presidente progresista'

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'Era el más conservador de sus hermanos'
EDUARDO SUÁREZ/Corresponsal Nueva York




John F. Kennedy apenas estuvo mil días en la Casa Blanca. Pero su influencia se extiende sobre los mandatos de los nueve presidentes que le sucedieron, que ejercieron el poder con un ojo puesto en el legado envenenado de Camelot. Así lo explica el politólogo Larry Sabato en el libro 'The Kennedy Half-Century', que indaga en los puntos oscuros del magnicidio de Dallas y detalla su impacto en la política de Estados Unidos desde 1963.

Es difícil encontrar un analista estadounidense tan influyente como Sabato, que dirige el centro de estudios políticos de la Universidad de Virginia y ha publicado cientos de libros y artículos sobre los inquilinos de la Casa Blanca. Es la primera vez que aborda la figura de Kennedy, al que le unen su origen católico y su pasión por la política presidencial. EL MUNDO conversó con él esta semana sobre las consecuencias de aquella presidencia inacabada.


Lo primero que llama la atención al leer su libro es el desastre que fue la investigación de la muerte de Kennedy.

Por supuesto. A mí me siguen pareciendo sorprendentes muchas de las cosas que se hicieron entonces. El hecho de que el entonces congresista Gerald Ford se comprometiera a ejercer como topo del FBI en la Comisión Warren o la decisión de la CIA de esconder y destruir pruebas relevantes sobre la investigación. La agencia tenía papeles que documentaban por ejemplo los intentos del Gobierno de EEUU de matar a otros líderes mundiales como Fidel Castro. Pero también pruebas de que el Gobierno había hecho tratos con la mafia, que también tenía motivos para matar a Kennedy. Johnson creó la Comisión Warren para ahuyentar los rumores y no con el objetivo de investigar a fondo la muerte de su predecesor.

Uno de los detalles que más me ha llamado la atención es que un agente ordenara fregar la limusina del presidente unos minutos después del crimen.

Es impresionante. Incluso en 1963 los agentes del servicio secreto eran conscientes de que no debían alterar la escena del crimen y eso es precisamente lo que hicieron: ordenaron limpiar los asientos de la limusina presidencial. Supongo que quiere saber si pienso que lo hicieron para encubrir al asesino. Yo creo que no. Mi impresión es que estaban avergonzados por lo que acababa de ocurrir y no querían que la gente viera la limusina presidencial en ese estado. Es una pena porque los rastros de sangre del vehículo nos habrían ayudado a conocer la trayectoria y el número de balas.

Dos detalles sobre los que se ha discutido mucho desde entonces.Usted cuenta en su libro que Johnson le dijo a un periodista en 1968 que creía que Castro había matado a Kennedy.

Por supuesto. Pero Johnson decía cosas distintas a personas distintas. Es algo que hacía constantemente. Yo no sé lo que Johnson pensaba sobre el magnicidio de Dallas. Nadie lo sabe. Pero no creo que fuera el cerebro de la conspiración. Lo que sí sabemos es que estaba encantado de haber llegado a la presidencia y que tenía una relación terrible con la familia de su predecesor.

Es increíble que Jackie Kennedy tuviera el temple para organizar el sepelio de su esposo.

El funeral de JFK es la contribución más importante que su Jackie hizo a este país. Es impresionante que planeara con tanto cuidado un funeral tan emotivo y apropiado para un país que estaba sufriendo profundamente en unos días tan dolorosos para ella. Su obsesión fue dotar de significado a la muerte de su esposo y diseñar un entierro muy similar al del presidente Lincoln. Ella quería que la Historia tratara bien a JFK y que sus hijos conocieran al padre con el que no crecerían. Así fue como inventó el mito de Camelot. Fue una idea brillante y a nosotros los estadounidenses nos gustó tanto que aceptamos el mito tal cual.

¿Qué imagen tenía Kennedy antes de su muerte?

JFK no fue un presidente progresista. Siempre fue un demócrata moderado. Muy conservador en asuntos fiscales y profundamente anticomunista como la mayoría de los miembros de su generación. Un extremo que no evitó que fuera acusado de blando y hasta de traidor. Kennedy era más progresista en lo referente a los derechos civiles aunque le llevó mucho tiempo abordar el asunto por miedo a perder el respaldo electoral de los demócratas sureños. Por supuesto que le preocupaba el bienestar socioeconómico de la población. Pero yo diría que era una mezcla de político conservador y progresista. Algo que es imposible encontrar en cualquier de los dos grandes partidos de EEUU.

Y sin embargo hoy su imagen es la de un presidente de izquierdas.

Así es. Eso sucede porque la gente confunde a John F. Kennedy con sus hermanos. JFK era el más conservador de los tres. Bobby y Ted eran más progresistas. De todos modos, la transformación de su legado tiene que ver también con el magnicidio. La gente atribuye a John F. Kennedy cosas que no llegó a hacer. Sus seguidores han embellecido sus años como presidente y aún siguen haciéndolo.

¿Habría salido adelante la legislación que acabó con la segregación racial sin el magnicidio de Dallas?

El crimen ayudó a Johnson a sacarla adelante antes de las presidenciales de 1964. Pero yo creo que se habría aprobado de todas formas. No estoy tan seguro de que Kennedy hubiera propuesto los programas de lucha contra la pobreza que Johnson se sacó de la manga como una especie de última voluntad de su predecesor. Mi impresión es que Kennedy nunca los hubiera propuesto porque los consideraba tirar el dinero.

¿Y Vietnam?

Aquí no todos los historiadores se ponen de acuerdo. Pero yo diría que Kennedy nunca habría enviado medio millón de soldados a Vietnam porque era un presidente cauto que había aprendido después del desastre de Bahía de Cochinos a desconfiar de lo que le decían sus generales. Johnson era justo lo contrario. Era un presidente incapaz de comprender la política exterior y propenso a seguir las órdenes del Pentágono.

Usted cuenta en su libro que el Senado estaba investigando a Johnson por corrupción el día del magnicidio.

Así es. Esa misma mañana un agente de seguros dijo ante una comisión de investigación del Senado que había sobornado a Johnson a cambio de favores económicos y que conocía a varias personas que habían hecho aportaciones ilegales a su campaña. Aquellas acusaciones habrían destrozado la carrera del vicepresidente pero el crimen de Dallas las silenció para siempre.

¿Estaba Kennedy buscando otro vicepresidente para su segundo mandato?

No lo sabemos. Entonces todos asumían que no. Pero su secretaria Evelyn Lincoln diría después que el presidente le había dicho que estaba pensando en sustituir a Johnson por el gobernador sureño Terry Sandford. Puede ser pero eso no significa que fuera a hacerlo. JFK usaba a menudo a su secretaria para pensar en voz alta.

Al día siguiente de la muerte de JFK, el 'New York Times' publicó un análisis diciendo que su muerte potenciaba las opciones electorales de los republicanos.

Es increíble, ¿verdad? ¡La conclusión correcta era justo la contraria! Su argumento era que Johnson era un demócrata sureño difícil de aceptar para los demócratas más progresistas de la costa Este. Pero Johnson era un político muy astuto y era consciente de que debía girar a la izquierda para lograr la candidatura demócrata a la presidencia. Eso fue justo lo que hizo y le salió bien.

Hoy recordamos a Nixon y Kennedy como adversarios en la campaña presidencial de 1960. Pero usted recuerda que fueron amigos en su juventud.

Así es. Recuerde que ambos llegaron a la Cámara de Representantes en 1947 y que los Nixon estuvieron entre los invitados a la boda de Kennedy en 1953. La campaña de 1960 trastocó para siempre esa relación y el objetivo de Nixon como presidente siempre fue superar el legado de su predecesor. Así lo acreditan los documentos y las grabaciones que yo he consultado. Nixon quería superar a Kennedy en todo. Aun así se puede decir que fue generoso en algunos aspectos. El más evidente, su decisión de no suprimir el Peace Corps, que había sido uno de los grandes logros de su predecesor. Pero aún me maravilla que no citara a JFK ni una sola vez al anunciar el aterrizaje a la Luna. ¡Ese era el mayor logro de Kennedy! ¡No el suyo! En cierto modo es un egoísmo comprensible por su temor a que Ted Kennedy emprendiera la carrera por la Casa Blanca en 1972. En el libro cuento cómo Nixon ordenó que le siguieran y reunieran información sobre sus infidelidades de cara a una posible campaña presidencial.

Nixon tenía la percepción de que la prensa le había perdonado a Kennedy asuntos muy similares a los que habían arruinado su carrera política.

Nixon tenía razón. La inmensa mayoría de la prensa estaba a favor de Kennedy en 1960 y aquello quizá fue decisivo en unas elecciones tan ajustadas. El entorno de JFK echó mano de triquiñuelas similares a las del Watergate durante aquella campaña y los periodistas que las conocían no las denunciaron. Si Nixon hubiera tenido tantos líos de faldas como Kennedy, ¿usted cree que hubieran permanecido en secreto? Yo creo que no.

La prensa tampoco publicó nada sobre las amantes de Johnson.

Cierto. Él mismo les advirtió durante una conversación que cito en el libro que su vida privada no era asunto suyo. Le salió bien porque era el sucesor de Kennedy. Aunque nunca llegó al extremo de su predecesor, que se había acostado con varias prostitutas, con la novia de un mafioso y con una espía de la Alemania comunista.

Llama la atención la renuencia de Jimmy Carter a abrazar el legado de JFK.

Conviene recordar que Carter creía que su adversario en las primarias demócratas sería Ted Kennedy. Por eso le criticó tanto entonces y se esforzó por minimizar el legado de su hermano. Los Kennedy nunca se lo perdonaron y Carter nunca cambió porque siempre sintió esa amenaza durante su presidencia. Ted Kennedy estuvo a punto de arrebatarle la candidatura demócrata en 1980 y fue uno de los responsables de su derrota.

Usted dice que ningún presidente se parece más a JFK que Ronald Reagan. ¿Por qué?

Porque ambos eran presidentes al estilo de Hollywood. Eran buenos oradores y tenían una gran presencia escénica allá donde iban. Al margen de eso, tenían algunas cosas en común. Kennedy era un demócrata relativamente conservador y Reagan echó mano de firmeza en política exterior y de sus bajadas de impuestos para sacar adelante sus propias propuestas. Tanto Reagan como Kennedy tenían una perspectiva general de la política y no se perdían en los detalles. Y ambos tenían un gran sentido del humor. Recuerde que Reagan le dijo a los médicos que le atendieron después del intento de magnicidio de 1981: "Por favor, díganme que son republicanos". "Hoy todos somos republicanos", le respondió el cirujano antes de la operación.

Kennedy tenía una vida personal tan tumultuosa como la de Bill Clinton pero apenas tuvo problemas por ella.

Así es y es algo que yo condeno en el libro. Pero en los años 60 había otras reglas en las relaciones entre los periodistas y los políticos. Kennedy llevó esas reglas hasta el extremo pero las cumplió. Clinton sabía que las reglas habían cambiado y se las saltó. Ésa es la diferencia.

¿Habría sido Barack Obama presidente sin el respaldo de la familia Kennedy?

No. El respaldo de los Kennedy fue un factor crítico en aquella campaña. Usted debe recordar que Obama ganó por un margen muy estrecho y que logró el apoyo de los Kennedy en la víspera del supermartes: el día en que se celebra el mayor número de primarias. Es imposible pensar en una fecha más importante para hacer un anuncio así. Aquello fue el fruto de un error de cálculo de los Clinton. Bill hizo varias declaraciones que enfadaron a Ted Kennedy y Hillary se comparó con Johnson y citó a Obama despectivamente como un político similar a JFK.

Kennedy suele aparecer en las listas como uno de los mejores presidentes del siglo XX. ¿Empezará eso a cambiar a medida que vayan murieron quienes le conocieron?

El respaldo se enfriará un poco. Pero sólo hace falta mirar las fotos de Kennedy para darse cuenta de que no desaparecerá. Es una persona vigorosa y congelada para siempre en su juventud. Sus imágenes han envejecido muy bien. Mi impresión es que seguirá siendo un presidente muy influyente durante mucho tiempo.

¿Qué podría aprender Obama de JFK?

Obama debería reírse más de sí mismo durante sus encuentros con los periodistas. Es algo que Kennedy hacía constantemente en sus encuentros con los periodistas y que le ayudó a la hora de moldear su imagen. Otra cosa importante que Kennedy hacía es asumir enseguida la responsabilidad por algo que no ha ido bien. A Obama ha llevado mucho tiempo asumir la responsabilidad por el fiasco de la reforma sanitaria.

Las autoridades han reforzado mucho la seguridad del presidente después de magnicidio de Dallas. Pero eso no evitó los intentos de asesinar a Ford y a Reagan. ¿Podría volver a ocurrir algo parecido hoy?

Podría ocurrir porque la seguridad es algo que nunca se arregla del todo. Uno tiene que evaluarla una y otra vez porque basta con un pequeño error para perder a un presidente. Eso fue lo que aprendimos en los intentos de asesinato contra Gerald Ford y Ronald Reagan. Ambos fueron muy afortunados. Sobre todo Reagan, que se salvó de morir por menos de una pulgada. John F. Kennedy era un blanco fácil y su muerte era inevitable. Recuerde que en Dallas pasó por delante de unas 200.000 personas a las que nadie había registrado y que en su comitiva apenas había 12 agentes del servicio secreto. 

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