2 de noviembre de 2013

José Menéndez "El rey de la Patagonia"

José Menéndez

Menéndez, José
José Menéndez


José Menéndez "El rey de la Patagonia"
( 1846 - 1918 )


El más conocido y mundialmente famoso emigrante mirandino es sin duda don JOSÉ MENÉNDEZ, apodado "el rey de la Patagonia". “Nace en la parroquia de Miranda, entonces filial de san Nicolás de Avilés, el día 2 de noviembre de 1846 en una casa de aldea, sita en el barrio de Miranda, de planta baja, que más tarde sus sobrinos, Paulino Valdés y Araceli Menéndez, reformaron a petición del indiano pero manteniendo la puerta principal sobre la que pretendía grabar una inscripción que dijera:"Por esta puerta salí pobre y entré rico", pero tal deseo debió de ser uno de los pocos que no llevó a cabo. Fue uno de los siete hermanos que tuvo el matrimonio Manuel Menéndez-Cañedo Álvarez, natural de Peñaflor, Grado, y de María Menéndez Granda, natural de Miranda, conocidos en el pueblo por el mote de "Los Zancos".

Cuando contaba apenas dos años, su padre lo llevó a casa de un tío materno llamado José Menéndez Granda que ejercía de maestro en Ventosa, (Candamo), para darle una mejor instrucción primaria pero con el compromiso de traerlo a casa al menos dos o tres días cada mes. 
Allí pasó su infancia hasta que a los 11 años sus padres, contra la voluntad del tío que veía en el niño grandes dotes para el estudio, lo dejaron en Miranda definitivamente por serles necesario en la cuida del ganado, aunque respetando en lo posible la asistencia escolar.

A la edad de trece años sus padres le dan permiso al fin para embarcarse. Durante seis meses lo envían a Avilés a otra escuela pagando por las clases "la importante suma, en aquellos tiempos, de un duro al mes".
A mediados de 1860 se anuncia la salida del puerto de Avilés con rumbo a Cuba de "La Francisca", un velero que desplazaba 800 toneladas. El precio del pasaje era de 45 duros, que se podían pagar a plazos.
A los cuatro meses, y por el mismo barco que le había llevado a Cuba, reciben sus padres la primera carta en la que manifestaba haber hecho un viaje feliz que duró 45 días. La carta anduvo de pariente en pariente durante algún tiempo puesto que la segunda ya se hizo esperar más.

No sabemos a ciencia cierta cual fue la razón para desplazarse a Buenos Aires hacia 1866 donde hace de tenedor de libros en la ferretería de Corti Riva & Cía. y a la vez en la de Etchart & Cía ambas ferreterías especializadas en efectos navales. La teneduría de libros era, por entonces, uno de los puestos mejor retribuidos de modo que no le fue difícil juntar unos ahorros.

Durante estos años conoce a una joven uruguaya, descendiente de los franceses de la Legión, defensores de Montevideo durante el sitio de Manuel Oribe en 1843. Contrae matrimonio el día 19 de marzo de 1873, festividad de san José, en el templo de La Merced. Doña María Behety Chapital, la joven esposa contaba 20 años y José Menéndez 27.

La llegada definitiva a Punta Arenas tiene lugar en 1875 en donde Piedrabuena llevaba instalado desde 1869. Entre los comerciantes instalados en la región y con quienes empezó a relacionarse debemos recordar al asturiano José Montes, natural de Mieres, que fue quien le acompañó en el primer viaje a Miranda, al portugués Nogueira, dueño de una flotilla de goletas y a los ingleses Reynard y Felton además de algunos alemanes y lituanos.

El nacimiento del poblado de Punta Arenas se puede cifrar alrededor de 1843 cuando el gobierno chileno del general Manuel Bulnes decide tomar posesión del estrecho de Magallanes. Tres años más tarde nacía en Miranda José Menéndez con quien la suerte del poblado correría parejas, por uno de esos misteriosos avatares que la Historia nos reserva.

En 1877 tiene lugar un hecho trágico para toda la colonia y de modo especial para la familia Menéndez-Behety, hecho que se le conoce como "la sublevación de los artilleros". La noche del 10 de noviembre de 1877, cuando los guardias se reintegraban a sus casas medio borrachos, a la una y cuarenta minutos de la madrugada, se escucha el retumbar de un cañonazo mientras por las calles los guardias corrían despavoridos gritando: "¡los argentinos! ¡los argentinos!". En efecto, debido a la tirantez fronteriza entre Chile y Argentina, muchos creyeron que se trataba de un invasión por parte de Argentina. La realidad era que un cabo de artillería llamado José Antonio Riquelme, un mestizo que estaba en aquella hora de imaginaria y el sargento Isaac Pozo habían sublevado a la guarnición y a los presos. La primera decisión era dar con "Delen más", a quien hallaron en su casa durmiendo. Después de torturarlo cruelmente delante de su mujer y de sus hijos mientras le repetían "denle más, denle más", lo asesinaron. En aquel caos algunos amotinados derribaron la puerta de la tenencia de Ministros de un cañonazo y, abriendo la caja fuerte, se llevaron unos pocos pesos que allí había, otros apresaron en la capitanía del puerto al ayudante jefe Domingo Olavarría sometiéndolo a la burla de un fusilamiento simulado. El gobernador y sargento mayor don Diego Dublé y Almeyda quiso restablecer el orden pero ante el panorama que se le presentaba ante sus ojos optó por regresar a casa para esconder a su mujer y siete hijos. Se enfrentó después con los sublevados pero impotente ante los acontecimientos tuvo que huir, mal herido en un caballo, hasta llegar al mar. Los almacenes de bebidas fueron saqueados, los edificios incendiados, únicamente se salvó la iglesia. La esposa de José Menéndez corrió a refugiarse con sus tres hijos a casa de los esposos Aubry, dueños de una panadería. Muchos eran los que habían buscado este refugio. Cuando estaban todos dentro oyeron las voces de los amotinados gritar desde afuera, mientras aporreaban con las culatas la puerta: "¡Abran...! ¡que salga el gobernador...!" Como no contestaba nadie los insumisos optaron por marcharse. Pero uno de ellos, contrariado por no poder echar abajo el portón, disparó la carabina contra la cerradura con tan mala suerte que en ese mismo instante se acercaba a la puerta doña Mariquita la esposa de José Menéndez siendo alcanzada y malherida en una pierna por debajo de la rodilla.

José Menéndez se hallaba durante la revuelta en viaje de gestión comercial en Montevideo. Cuando regresó, terminada la asonada halló que su casa estaba totalmente destruida, sus hijos llenos de terror y a su mujer habían tenido que amputarle la pierna para salvarle la vida. En Punta Arenas había nacido María, que, de resultas de aquellos días vividos a la intemperie y deficientemente alimentada, enfermó y, cuando apenas contaba nueve meses, falleció.

El entristecido padre no se dejó intimidar. Adoptó las precauciones consiguientes, regresó a Valparaíso invirtiendo todos sus ahorros en material y mercancía. Con el nuevo almacén dio comienzo una nueva etapa para Punta Arenas.

En 1879 Julio Argentino Roca, ministro de la Guerra argentino declara la llamada "guerra del desierto" con la finalidad de exterminar a los indios nómadas con lo que el territorio de Chubut pasa a ser territorio de la República Argentina. En estas contiendas el gobierno paga a sus soldados con lotes de terreno que son los que los colonos, y en concreto nuestro biografiado, compran a soldados y marinos para su posterior explotación. Durante diez años emprende la tarea de adquirir terrenos en arriendo que escritura al fin en 1890.

En 1880 después de varias tentativas frustradas Menéndez compra una partida de 500 lanares procedentes de las Islas Malvinas a un tal Marius Andrieu y la sitúa en un erial de san Gregorio. Desconocemos los detalles del ensayo pero con esta adquisición se puede afirmar que empieza el despegue económico de Menéndez.

La primera estancia argentina fueron los terrenos que el estado había concedido al célebre explorador del desierto de Tierra de Fuego, Popper, pero habiendo fallecido inesperadamente sin poder poblarlas como exigía el contrato con el gobierno, son compradas por José Menéndez. Con ello dispone de pastos de invierno y de verano en proporción adecuada para salvar la vida, lana y carne de las ovejas haciendo rentable su explotación.

En pocos años levanta en san Gregorio 42 edificios de todo tipo, construye sobre el mar un muelle de 200 metros, un tenderal para 10.000 cueros, una línea férrea de 14 km, una aguada artificial, baños de ovejas, graserías, etc.

Importó ovejeros de las Islas Malvinas, de Escocia y Nueva Zelanda los cuales conocían a la perfección los secretos del oficio. Poco a poco las pampas se van poblando de miles de ovejas o "guanacos blancos" como vulgarmente se decía. En 1905 envía a su hijo José a Australia, una vez concluidos los estudios de Humanidades en Montevideo, para perfeccionarse en temas ovinos.

A su muerte en San Gregorio se contabilizaban más de 140.000 cabezas

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