26 de octubre de 2013

Juan José Domenchina



Juan José Domenchina

Juan José Domenchina Moreu nació el 18 de mayo 1898 y falleció el 27 de octubre 1959

Juan José Domenchina, poeta, novelista de vanguardia, activo crítico en los diarios más leídos, discípulo predilecto de Juan Ramón Jiménez, secretario de Manuel Azaña durante los años republicanos.

Juan José Domenchina
Juan José Domenchina
Datos Biográficos

Nace en Madrid en 1898. Hijo de una familia de ingenieros de caminos, en su ciudad natal estudió bachillerato y Magisterio en la Escuela Normal de Toledo, donde obtuvo un título de maestro nacional que nunca llegó a ejercer.

Vida

Desde muy joven colaboró como crítico literario en periódicos y revistas tan importantes como “Los Lunes” de “El Imparcial”, “España”, “La Pluma” (dirigida entonces por el que sería su cuñado, Cipriano Rivas y por el que fuera presidente de la República española Manuel Azaña), “Revista de Occidente” (Fundada por Ortega y Gasset) y “El Sol”. Fue crítico literario de este último diario, para el que usó el seudónimo de Gerardo Rivera.

Durante la República fue asiduo de la tertulia del Hotel Regina. Conoció a Azaña en 1921 en la redacción de “La Pluma”, y cuando éste funda Acción Republicana en 1925, cuenta con el poeta Domenchina, al igual que hará en 1934, cuando se funda Izquierda Republicana; elegido presidente, fue secretario particular suyo. Pero dimitió en 1935 por razones de salud, ya que padecía fuertes dolores reumáticos que en ocasiones llegaban a dejarle paralizado. En Junio de 1936 fue nombrado delegado del gobierno del Instituto del Libro Español. En Noviembre de 1936 se casó con la también poetisa Ernestina de Champourcín, a la que había conocido en 1930. Al ser nombrado jefe del Servicio Español de Información creó el Boletín de Información y el Suplemento Literario del Servicio Español de Información, en el que colaboró Antonio Machado.

En Enero de 1938 fue nombrado secretario del Gabinete Diplomático de Azaña hasta su dimisión. Cuando ya terminaba la Guerra Civil estuvo en Valencia con el gobierno republicano y Domenchina fue miembro del Consejo de Colaboración de la revista “Hora de España”; ya en Barcelona, colaboró en las páginas de “La Vanguardia”. Domenchina y su mujer se exiliaron en Febrero de 1939, primero a Francia (estuvieron tres meses en Toulouse, luego en París y por fin en México, donde Azaña le consiguió un puesto en la Casa de España dirigida por Alfonso Reyes), y allí, acompañado por su mujer, su madre y su hermana, ambas viudas, y sus sobrinos Rodrigo y Encarnación, trabajó en labores editoriales, de traductor sobre todo. Extraña situación literaria la de Juan José Domenchina. Desde su precoz iniciación poética en 1917, con prólogo de Ramón Pérez de Ayala, contó con los mejores auspicios., no logró sin embargo formar parte del más selecto grupo de la joven literatura, pronto conocido como generación del 27. Su editora reciente, Amelia de Paz, ha llegado a hablar del «caso Domenchina»: una especie de conspiración de silencio que fue formándose en torno a su obra tras la ruptura de los poetas del 27 con Juan Ramón Jiménez. Pero hubo también razones estéticas para esa marginación: Domenchina, que se inicia como poeta en el Tardomodernismo, se caracteriza luego por el rebuscamiento y la aspereza de su léxico. Ya Melchor Fernández Almagro, al reseñar en 1930 “La corporeidad de lo abstracto”, señaló que “Son muchos los versos de Domenchina que quedan inválidos»; les faltaría sentimiento e intuición; les sobraría feísmo expresionista, involuntaria comicidad: Abdominia, dispepsia, polisarcia. (Diagnóstico moderno.)

En el exilio mexicano, la poesía de Domenchina cambia por completo: con empaque quevediano, añora la patria perdida, su natal Madrid, muy especialmente, lamenta la fugacidad de la vida, aguarda con estoicismo la embestida de la muerte. A la sobriedad léxica renuncia, por fin, a rebuscar en los sótanos del diccionario, se añade la recuperación del estrofismo clásico: Sonetos sobre todo, décimas, algún romance. Con “El diván de Abz-ul-Agrib” juega al apócrifo inventándose un poeta oriental que compensa bien, con sus alardes coloristas y metafóricos, la monótona y obsesiva sequedad de su poesía última.

Con el exilio, dejó de ser Domenchina una curiosidad literaria, una extravagancia de época, para convertirse en un poeta, pero ya las nóminas estaban fijadas y los rencores antiguos arraigados, por lo que, hasta hoy mismo, continuó siendo un caso aparte, una especie de apestado dentro de su generación.

Muerte

Murió de Enfisema pulmonar el 27 de octubre de 1959 y está enterrado en el cementerio español de la capital mexicana.

Fuentes

Destierro. Sonetos. Décimas concéntricas y excéntricas. Burlas y veras castellanas. México, Editorial Atlante, 1942. Prólogo de Azorín.


En Español 

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