31 de octubre de 2011

El continuismo en la educación peruana



(A propósito del Proyecto para contratos docentes 2012)

José Ramos Bosmediano 
Educador, miembro de la Red social para la Escuela Púbica en las Américas (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP (Perú)

El gobierno del Presidente Humala, por fin, ha revelado que en materia educativa continuará con el mismo modelo heredado del fujimorismo de los años 90, continuado en los primeros 10 años de gobierno “democrático” del siglo XXI. El aumento presupuestal en educación para el 2012 solamente es un pequeño parche para programas parciales (inicial sobre todo) pero no para remontar la crisis ni desmontar la reforma neoliberal. 

Dos medidas recientes nos llevan a afirmar lo anterior. La primera, como lo hace notar Farid Matuk (“La retórica ha regresado”, La República de Lima, 27/10/2011, p. 14), es la regresión presupuestal para el 2013 según el nuevo Presupuesto Multianual de tres años. La segunda, el Proyecto de “Directiva de Normas y Procedimientos para la selección de docentes mediante contrato en Instituciones Educativas Públicas de Educación Básica y Técnico-Productiva en el período lectivo 2012” No. 0536 del Ministerio de Educación (Resolución Ministerial), de fecha 21 de octubre 2012, como documento de consulta al magisterio nacional. 


Una consulta retórica 

La consulta es retórica, por tanto demagógica, porque el contenido del Proyecto no difiere de las normas que se han venido dando desde el fujimontesinismo, reajustadas por los gobiernos de Paniagua, Toledo y Alan García Pérez. La mayoría de los maestros sin trabajo o contratados por enésima vez ya saben que las consultas son saludos a la bandera. Los requisitos, proceso de inscripción, elaboración y administración de las pruebas, evaluación de expedientes, etc., no son sino un proceso engorroso para los maestros que, con el título pedagógico obtenido y otorgado en “nombre de la nación”, según las autoridades “son ineficientes” para enseñar en las aulas. Cómo este argumento no es suficiente, se dice también que como hay excedentes de maestros titulados para un número menor de vacantes, “de alguna manera” hay que seleccionar “a los mejores”. 

Con un manejo simple de las estadísticas de población escolar no matriculada en el Perú y la necesidad de matricular a todos (¿no les gusta, pues, la palabra “incluir”?) construir escuelas para todos, dotar de maestros titulados a todos, así como materiales de estudio, etc., el número de maestros “excedentes” desaparecería inmediatamente. Pero eso supone un presupuesto anual para la educación no menor del 6% y frenar el proceso de la privatización y la municipalización de la educación, forma indirecta de privatización. 

Todas las condiciones para el contrato de docentes “por servicios personales” (el CAS de la educación, como el CAS de médicos a través de los CLAS, creaciones también del fujimontesinismo) se repiten en el proyecto firmado por la Ministra Salas. 

El título pedagógico carece de valor 

El discurso neoliberal contra el título pedagógico viene también de la misma década podrida de nuestra vida nacional. Como hay que seguir preparándonos, lo que siempre fue cierto, el título pedagógico se vuelve simbólico, meramente referencial y carece de valor cuantitativo en la evaluación de un postulante al contrato o a la carrera pública. 

El fujimontesinismo ideó una capacitación docente que carecía de base científica, pues los “entes capacitadores” solo se preocuparon por cobrar y bastaba tener una onegé u organizar una asociación para participar en el inservible PLANCAD. 

Durante los sucesivos gobiernos en los últimos 10 años, los reformadores neoliberales idearon un nuevo organismo y sometieron a licitación el trabajo de capacitación docente, como también lo hicieron con esa farsa de la alfabetización y con el proceso de las acreditaciones de los institutos superiores (Pedagógicos y Tecnológicos) 

En los últimos años, para el regocijo de los dueños de la educación universitaria privada y la necesidad de incrementar en algo sus recursos las abandonadas universidades públicas, los maestros, para ser “mejores maestros”, deben estudiar Maestría y Doctorado, viéndose obligados a endeudarse para estudios de postgrado y diplomados. 

Así está el negocio de la educación, lo que al Dr. Manuel Burga, historiador y ex Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, le hace escribir: “¿A dónde va la universidad peruana?” (La República de Lima, 27/10/2012, p.12), refiriéndose a las universidades-empresas en el Perú neoliberal. 

¿A dónde va el título pedagógico?, podemos preguntarnos. A la nada, es la respuesta. En el cuadro del puntaje en distintos rubros de la evaluación, hasta tener educación secundaria completa tiene puntaje para el postulante, así como los títulos no pedagógicos, los estudios superiores no concluidos. Pero no el título pedagógico. Vale nada frente a las capacitaciones a las que me he referido. Si el título pedagógico es solo un habilitante simbólico para postular a la docencia, entonces por qué los estudios que no alcanzan ese nivel de formación profesional sí merecen los puntajes para la calificación. 

La docencia a bajo costo 

Considero un atropello material y moral cuando en el proyecto de marras el gobierno ofrece remuneraciones que no llegan ni a la mitad del costo actual de la Canasta Básica Familiar, entre 905 y 1005 nuevos soles mensuales para maestros que, además, carecerán de derechos sociales y vacaciones, pues su contrato, en el mejor de los casos, será de marzo a diciembre. No se requiere mucha imaginación para intuir los malabares que estos maestros harán para cumplir con su trabajo pedagógico, en las ciudades y en el campo. Por supuesto que las remuneraciones de los demás maestros que ya tienen estabilidad laboral no son muy superiores y sus angustias después de la primera quincena del mes son enormes. El sueldo de un maestro peruano es, apenas, el equivalente al gasto de un día de alimentación de cualquier burócrata bien pagado. Su trabajo, en cambio, es superior a las triquiñuelas de ese bosque de corrupción que nos empobrece más. Pero es más lamentable si lo comparamos con los miles de nuevos soles mensuales que obtiene un(a) inútil concejal o consejero en los gobiernos municipales y regionales, respectivamente, producto de “dietas” y “viáticos”. 

Uno de los objetivos macroeconómicos del programa neoliberal es, como se sabe, disminuir los gastos del Estado, sobretodo en servicios de educación y salud. Se creyó que el gobierno de Presidente Ollanta Humala nos reservaba una política diferente, con tanta ¡inclusión! en sus discursos. Pero su discurso “incluyente” no se aleja del significado que da a ese término el Banco Mundial: una metáfora para seguir encubriendo las grandes desigualdades sociales. 

A estas alturas y con el ejemplo del proyecto de normas para los contratos docentes, ya sabemos que la historia neoliberal se repite, mucho más cuando el documento considera como contratantes también a aquellas municipalidades a las que el gobierno aprista entregó la educación básica, demostrando que eso de de no ser de izquierda ni de derecha solo lleva escondido el programa neoliberal. ¿No dijeron que la municipalización de la educación se suspendía? 

La lucha de los maestros seguirá siendo un proceso arduo y largo para recuperar sus derechos. Eso de mejorar la Ley de Carrera Pública Magisterial de hechura neoliberal, no pasará de ser un nuevo señuelo.

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